29 de julio de 2012

Ser malo, mola

Be evil, my friend...



Dice la leyenda que hubo una vez un juego en el que ser malo era la norma y que además era divertido. Ese juego se llamaba Dungeon Keeper y en él tenías que lograr llevar tu malvado imperio a todos los rincones del mundo y derrotar a otros señores del mal en sus propias fortalezas subterráneas, mientras reclutabas poderosas criaturas, procurando a su vez que sus vidas fueran felices y productivas para que no desertaran, todo ello mientras explotabas los recursos naturales de la zona. Todo un estrés en tiempo real, nada menos...

Pero ser malo tiene un precio, pues tus fechorías pronto atraían la presencia de todo tipo de tipo de héroes del mundo de la superficie, tales como paladines, guerreros,  enanos y bondadosos elfos, dispuestos a llevar la justicia y la luz tus tenebrosos dominios. Así pues, tenías que proteger tu maléfico ejército con poderosos sortilegios y tus queridas instalaciones con destructivas y horripilantes trampas.

Así era Dungeon Keeper, y tuvo tanto éxito que hicieron una segunda parte y más tarde volvieron a reeditar la primera. Luego vinieron los sistemas nuevos no basados en MS-DOS y el juego fue poco a poco despareciendo de la circulación, sobre todo por los problemas que a veces ocasionaba en su ejecución. Sin embargo, aun es posible encontrarlo en la web y jugarlo en emuladores o con parches creados por clubes de aficionados como este.

Ser malo, mola.

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