sábado, 25 de mayo de 2013

Dragonstar


Esparcidos por las innumerables estrellas, los mundos de la Confederación de Sistemas brillan con luz propia como gemas engastadas en el oscuro manto del firmamento. Hace miles de años, las razas inteligentes del Mundo Origen elevaron sus miradas hacia el oscuro cielo nocturno y anhelaron atravesar sus inconmensurables distancias. Con tesón y fortaleza, pusieron sus ingeniosas mentes en sintonía con el pensamiento de proyectar sus insignificantes cuerpos entre las lejanas estrellas y así surgió el primer Starcaster. Los seres sentientes viajaron por el universo iluminados por el credo único del Imperio Dragón y expandieron la civilización a lo largo y ancho de numerosos mundos, respetando las diferencias culturales y amalgamándolas en los ciclópeos fundamentos de una cultura que perduraría durante más de mil años. Fue una época dorada e esplendor, cuyos ecos se perciben en todos los mundos conocidos en forma de leyes, arte y filosofía. Mas tarde, cuando el Imperio entró en declive al fragmentarse en los Reinos gemelos de Asamet y Qesemet y con la consiguiente guerra civil, las semillas de la civilización todavía pervivieron y arraigaron aún más en las mentes de los seres sentientes. 

Mucho ha  perdido desde entonces, pero la llama no se extinguió y siguió iluminando con su vacilante luz durante siglos de oscuridad. Hoy, dos mil años después de la caída del Imperio, la Confederación de Sistemas recoge el testigo de ese milenario legado. Hoy comienza una nueva era y los Doce Dioses son testigos de que perdurará para siempre.

(Extracto del discurso del Canciller Eremtar Hildenbrag, primer presidente de la Confederación en la ceremonia de la firma del Tratado Universal)

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