25 de septiembre de 2013

Un retorno muy deseado

Siguiendo al profesor Cornualles, has terminado en algún lugar de la selva amazónica. Habéis llegado hasta aquí en busca del misterioso templo perdido de Oribú, construido por los legendarios "dioses de los cielos". El profesor Cornualles cree firmemente que se trataría de la evidencia definitiva acerca de la presencia de seres extraterrestres en nuestro planeta, los cuales probablemente tomaron contacto con los pueblos precolombinos de la zona en tiempos remotos. Las leyendas de los "Hijos de los dioses" también parecen apuntar en que pudo haber algo más que una simple convivencia.

Los rumores acerca de extraños grupos de individuos de rasgos peculiares ha hecho que os internéis en una región desconocida. En un momento dado, Cornualles y tú os habéis separado del resto del equipo, siguiendo los rastros de unas pisadas en el barro. No puedes ver al profesor entre la maleza. De repente, un disparo resuena en la quietud de la jungla y oyes gemir de dolor al profesor. Asustado, retrocedes y tus pies se pisan en el vacío. 

Antes de que te des cuenta, caes en las lóbregas profundidades de la sima que se abre a tus pies. Te golpeas varias veces la cabeza con las paredes del pozo y después todo se vuelve oscuridad para tí.

Varias horas después, despiertas en algún lugar por debajo de la superficie. Te duele la cabeza y en el borroso campo de tu visión percibes una luz al frente, así como el rumor del agua. Logras ponerte en pie con bastante dificultad. No tienes nada roto, aunque has perdido el arma que llevabas. 

Debes darte prisa para encontrar a Cornualles, suponiendo todavía esté vivo, y abandonar este lugar...


Así comenzaba INVASIÓN, mi primer gran proyecto para PC, hace ya la friolera de once años. Realizado con DIV2 Games Studio, funcionaba perfectamente bajo MS-DOS y Windows 95. Similar en aspecto y jugabilidad al archiconocido DOOM, muy en boga por aquel entonces con su "ultimate version", terminó quedando obsoleto en cuanto surgió Windows 98 y desde entonces sólo podía correr en emuladores como DOS-BOX.






He tenido ganas de retomar el proyecto varias veces, pero por diferentes causas lo he ido dejando. Ahora, me he liado de nuevo la manta a la cabeza como suele decirse y en un futuro no muy lejano verá la luz una nueva versión del juego, esta vez compatible con sistemas hasta Windows 7 y, probablemente, Windows 8. 

Todo dependerá de las posibilidades del nuevo Entidad 3d, que parecen ser muchas y variadas.
Hordas de alienígenas, mutantes y enloquecidos robots aguardan en cada uno de los rincones del templo de Oribú. ¿Estás preparado?


INVASIÓN regresa, de la mano de Entidad 3d.


Más información aquí:


20 de septiembre de 2013

Yappur VII (Dragonstar)

Yappur VII

La destrucción del sexto planeta del mismo sistema desestabilizó las órbitas planetarias hace mucho tiempo.

Ahora orbita alrededor de la estrella principal, con una órbita inestable, rumbo al cataclismo final. El mundo se encuentra  al borde del colapso, pues su órbita se ha desplazado y la moribunda estrella alrededor de la cual gira, empieza a atraerlo hacia su seno.

Enormes grietas quiebran su torturada superficie sobre la cual se desencadenó el apocalipsis hace décadas Campos de gravedad inestables, erráticas emanaciones electromagnéticas y campos de asteroides, formados por parte del manto solidificado que salió despedido al espacio, son algunas de sus peculiaridades.

El lugar que una vez fuera el hogar de toda una civilización, ahora es una inmensa tumba en más de un sentido..

Incluso los exploradores orcos evitan el lugar, siendo considerado un sitio peligroso y no productivo. Se cuenta que el Gran Khan Orco Nugklarest XVIII ha decretado la prohibición de viajar al lugar bajo pena de muerte y destierro espiritual, así que el lugar está desierto, o casi, pues una pequeña nave de desembarco ha descendido a su superficie con un equipo de exploradores a bordo.

Buscan respuestas en el tortuoso pasado de Yappur VII, respuestas que podrían no llegar a encontrar si el mundo prosigue su camino de aniquilación. Tan sólo es cuestión de tiempo que el planeta se colapse.

Y tiempo es precisamente lo que no tienen...

Nos vemos en Dragonstar

17 de septiembre de 2013

Las Campanas (E. A. Poe)


Impresionante y desazonadora, la tristeza contenida en estos versos es de una belleza inigualable.
Todo un homenaje a la obra de Edgar Allan Poe.

El poema, traducido por Carlos Arturo Torres, se puede consultar aquí:

http://es.wikisource.org/wiki/Las_campanas_(Poe)


7 de septiembre de 2013

La muerte de un Juez

Megacity I

Autopista 3743, cuarenta carriles de enloquecida circulación a cuatrocientos kilómetros por hora. Lo normal en ese distrito, conocido vulgarmente como "La habichuela"

El Juez Morgan aceleró su motocicleta para adelantar al pesado robocamión que circulaba en automático hacia algún lejano destino que sólo sus circuitos conocían. Morgan comprobó que el adelantamiento fuera efectuado con precisión por el cerebro cibernético de la motocicleta, actualizado esa misma mañana y asintió  dentro de su casco de juez.

Hoy había recibido la notificación de la resolución favorable a su último expediente disciplinario. El ordenador central había cifrado su índice de mala conducta del 11% al 6% al demostrarse que la víctima de la última detención estaba bien armada y no se trataba de un indefenso ciudadano como había parecido en un principio. Así pues, hoy era un buen día...

El aviso de la central restalló en su comunicador como una bofetada. Al parecer, un transporte pesado avanzaba sin control por esa misma vía y el conductor intentaba burlar la persecución por parte del juez que había hecho la llamada de emergencia.

Respondió con un lacónico “Okay central, voy para allá” y aceleró para acudir en apoyo de su compañero, mientras ordenaba por el micrófono a Control que restringiera el tráfico en aquel tramo para evitar accidentes.

A lo lejos, distinguió la motocicleta del otro Juez yendo a la zaga de un imponente transporte. De la portezuela del vehículo surgió un fogonazo y el tableteo de las armas automáticas le llegó a través de los auriculares del casco. Los ocupantes no eran, definitivamente, ciudadanos indefensos. Eran criminales.

Su compañero abrió fuego con los cañones de su motocicleta, a la vez que Morgan adelantaba al camión conminando a sus tripulantes a que detuvieran el vehículo y se rindieran. Ni caso. Lógico…

La catástrofe se desencadenó cuando el conductor de un transporte que iba más adelante cargado con los niños de un hospital infantil se asustaba y perdía el control de su vehículo. Morgan avisó a Central del incidente y volvió a solicitar el cierre del tráfico en este sector de la autopista. Ni caso. Maldita sobrecarga de línea…

Se produjo un intercambio de disparos entre el Juez que iba en persecución y los criminales del camión. Algunos de los proyectiles de grueso calibre impactaron en el transporte del hospital y los mamparos del vehículo cedieron, dejando caer al asfalto su preciada carga. Más adelante, media docena de cajas-cuna con pequeños ciudadanos a bordo rebotaban contra la calzada en trayectoria de colisión. A la desesperada, el cerebro electrónico de la motocicleta, actualizado esa misma mañana, efectuó las maniobras de esquiva con la precisión que sólo una máquina puede tener y el juez sorteó milagrosamente las cajas sin dañar a sus ocupantes.

Solicitó refuerzos por radio y aceleró nuevamente. Aquello estaba durando demasiado. Se situó a la par que el camión y puso su moto en automático para saltar al vehículo en marcha.

Y aquí se acabó la suerte del agente, pues su motocicleta, quizá por un último y perverso fallo de software, dio un brusco quiebro y arrojó a Morgan a la carretera. Su rodilla se hizo mil pedazos contra el duro pavimento al tiempo que moto y camión se perdían en la lejanía.

Cojeando, el juez intentó ganar la seguridad de la cuneta, a tan sólo tres carriles de distancia, mas no tuvo ninguna oportunidad frente al febril tráfico de Megacity I. Su cuerpo fue rebotando de vehículo en vehículo hasta caer como un muñeco roto en el arcén de la vía.

La oscuridad se fue aposentando lentamente sobre el resquebrajado visor del casco mientras uno de sus compañeros le practicaba los primeros auxilios en un fútil intento de arrebatarlo de las garras de la muerte. Por los auriculares le llegaba la noticia de que los refuerzos habían rescatado a una veintena de niños del camión-hospital. Dentro de la anestesiante quietud del yelmo, Morgan sonrió por primera vez desde hacía años y expiró. Decididamente, había sido un buen día.

Aún hoy, en ese punto de la autopista, una chapa conmemorativa se recalienta al sol del mediodía, señalando el lugar donde cayó el Juez Morgan. Es una más, entre las decenas que salpican las vías de Megacity I, colocadas para recordar la caída de un agente en acto de servicio a una población en progresión geométrica, una población aturdida que los desprecia y necesita a la vez, sin saber a ciencia cierta hacia dónde se dirigen sus pasos en la centuria posterior al apocalipsis nuclear.


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Y esta es la historia de otro personaje que muerde el polvo en el delirante mundo presentado en el universo de Juez Dredd. Hacía mucho que no escribía en el blog y este relato estaba guardado manuscrito en el cajón desde hace semanas. No ha sido un personaje muy duradero, comparado con otros, pero su existencia ha sido larga para los estándares que se manejan en este juego de acción y creo que merecía un lugar en "Con pluma y pixel". Dado que el blog ha crecido y madurado un poco desde sus inicios, en un futuro pienso inaugurar una sección con este tipo de relatos por puro divertimento.


Nos leemos...