lunes, 30 de junio de 2014

Mundos con sabor

Ciertamente, todo buen máster  cruza en algún momento la delgada línea que separa los entornos de campaña predeterminados de los mundo inventados a partir de cero.

Yo soy de esos últimos, quizá por mi propia incapacidad de mantener una ambientación prediseñada sin añadirle toques personalizados.  El caso es que mis campañas tienen tendencia a transcurrir en mundos propios, ricos y variados a su manera, lo cual resulta muy agradecido por mis jugadores.

Idear la cosmogonia de un universo de juego puede ser algo tedioso al principio, sobre todo cuando no sabes por dónde empezar. La creación de un mundo supone pensar en continentes y países, en culturas y en razas, así como en estructuras políticas, económicas o de poder y no es una tarea sencilla para un principiante en las lides que supone el dirigir una buena sesión de juego, pero el resultado es muy gratificante.



Mi propia experiencia me dice que las campañas llevadas a cabo en dichos mundos resultan brillantes y llenas de vida y color, siendo el objetivo del interés de los jugadores, los cuales no dudan ni un momento en zambullirse en la exploración de todas las posibilidades que ofrecen, deseosos de formar parte de su historia, de su leyenda.

Con esa idea surgió el mundo de mi actual campaña de fantasía épica, al igual que su predecesor, el cual nos reportó años de aventuras hasta que llegó a su fin. Ambos comenzaron siendo ambientaciones basadas en la versión 3.0 y 3.5 de Dungeons&Dragons, hasta el punto que entre mis jugadores se la conoce como "La partida de D&D", pero con el tiempo han ido perdiendo ese calco inicial y han ido evolucionando hasta convertirse en mundos alejados de los sistemas clásicos.

De estos sistemas ya sólo conservan las razas jugables y el panteón de dioses, que en su día me parecieron adecuados y se han ido manteniendo por tener una referencia. El resto, incluyendo el sistema de juego (ahora utilizamos Savage Worlds por simplificar) y el ritmo de la narrración ya son historia y el mundo brilla con luz propia, tomando elementos de diferentes sitios e incorporando nuevas ideas que lo han hecho evolucionar hasta conseguir un mundo vivo en constante cambio, tan lleno de historias y culturas que cautiva a todo el que se aventura por sus variopintas tierras.

En esta labor también colaboran los propios jugadores con sus decisiones y aportes espontáneos, a veces tan acertados que realmente parecen haber estado siempre en el mundo de juego, ocultos por alguna intervención divina y esperando el momento de ser sacados a la luz por el destino.

Cuando esa compenetración tan íntima entre jugadores y director de juego se produce, el efecto es de tal magnitud que la magia del roleplay se puede casi tocar con los dedos y sorprende a todos los asistentes a la mesa, dejando un sabor fresco y agradable, una sensación indescriptible de fascinación y disfrute a partes iguales que hace que la siguiente sesión se coja con ganas y renovada ilusión por recorrer esos mundos con sabor a los que hace referencia el título.

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