viernes, 11 de julio de 2014

Librojuegos: La sangre de los zombis

El género del libro-juego, minoritario en estos tiempos, cuenta no obstante con numerosos adeptos tanto en su versión en papel como en las digitales. Este número de aficionados procede, en su mayor parte, de personas que disfrutaron de los mismos en la década de los ochenta y principios de los noventa. Para muchos, entre los que se incluye un servidor, fue la puerta de entrada a los juegos roleplay y el principio de una larga amistad con la lectura, los dados y el ocio interactivo en general.

Después de mucho tiempo cogiendo polvo en la estantería, ayer empecé "La sangre de los zombis", de Ian Livingstone. Estaba ansioso por releer a uno de mis autores favoritos junto con Joe Dever y Stece Jackson, los grandes del librojuego, y por ver si se había perdido algo de la chispa que brillaba con luz propia en aquellos lejanos tiempos en los que cayó en mis manos "La ciénaga del escorpión", allá por 1986. El resultado no me decepcionó en absoluto.

La primera sorpresa fue el novedoso y simplificado sistema de juego, alejado del ya conocido Fighting-Fantasy de dos dados de seis caras. Aquí sólo se usaban los D6 para calcular los puntos de vida y poco más y luego tan sólo se usaba 1D6, más modificadores, para calcular el daño de las armas que nuestro héroe iba a ir encontrando por el camino. Para mis adentros pensé en que al señor Livingstone se le había ido la castaña y había puesto pocas ganas en seguir con un sistema conocido y fráncamente útil. Y aquí era donde yo me equivocaba.

La prueba de fuego del sistema vendría en el primer encuentro serio del libro, contra no menos de 8 zombis surgidos de las profundidades del Castillo Goraya y con ganas de carne tierna de aventurero. Tiré mi dado (tenía un bate de béisbol que hace 1D6) y saqué un cinco, con lo cual cinco de los engendros cayeron al suelo y los otros tres restantes me quitaban tres puntos de vida. Sorprendente, pensé para mis adentros, y luego añadí "claro, es que es un juego de zombis". Durante los siguientes treinta minutos disfruté como nunca de la experiencia zombi, con hordas avasalladoras y mucha, mucha acción, en un título que ha roto todos los estereotipos al uso en los librojuegos tal y como en su día hizo la serie "Brujos y guerreros", de la cual hablaré otro día.

Ahora que yo también me he pasado a sistemas sencillos como "Savage Worlds" para mis partidas de mesa, recomiendo la lectura de "La sangre de los zombis" desde una nueva perspectiva porque me parece una experiencia muy divertida si te gusta un juego de acción rápida y porque el maestro Livingstone plantea un enfoque renovado tanto al librojuego como a la temática zombí, lo cual es de agradecer.


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