viernes, 24 de octubre de 2014

La música y la narración.

Imagen procedente de wallpapers.org (autor desconocido)

La influencia de la música en el estado de ánimo es algo que resulta, a estas alturas, indiscutible. El cine ha utilizado este recurso casi desde sus inicios, lo mismo que el teatro, con indudables buenos resultados. Así pues, ¿por qué no la literatura o los juegos de rol? 

Un melodía determinada, estratégicamente colocada en el momento idóneo, es lo mejor para motivar al jugador a meterse en determinadas situaciones y hace la sesión infinitamente más agradable de llevar para todos. Por otro lado, resulta sumamente  inspirador para el director de juego realizar una descripción de un paisaje o un evento si la música acompaña a la narración en el momento preciso. Así, una situación llena de misterio requiere una banda sonora con notas inquietantes, mientras que una épica batalla ve reforzada su grandiosidad si disponemos del fondo adecuado para ello.

Mis jugadores habituales saben que todas mis partidas vienen con una banda sonora debajo del brazo. Tras mucha planificación en cuanto a la trama y los personajes, llega la elección de la música que ambientará la sesión o sesiones y aportará el halo de misterio que se necesita en cada situación. Mis jugadores suelen agradecer el detalle y, hasta la fecha, no me ha fallado la técnica, haciendo que las historias ganen en viveza y, sobre todo, en inmersión.

Evidentemente, el libro de los gustos está en blanco, así que habrá quien piense que poner música a una sesión de roleplay es una complicación innecesaria o una majadería. Mi consejo es probar a ver qué tal resulta y, si se da el caso de que es un estorbo para la narración, apagar el interruptor y seguir dirigiendo como de costumbre. ¡Para gustos, los colores! 

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