sábado, 1 de noviembre de 2014

Dragonadas

Hoy he leído el término "Dragonadas" entre los comentarios de un estupendo blog (concretamente aquí) y me ha llamado poderosamente la atención el aspecto peyorativo que tiene esta palabra entre gran parte de nuestras comunidades de aficionados. Leyendo dicho artículo, he de admitir con cierto sonrojo que yo mismo ignoraba que la Editorial Timun Mas había dejado colgadas las franquicias de Games Workshop en España desde el año pasado, tal y como hizo en el pasado con otras sagas míticas y me he sentido poco menos que decepcionado.

A partir de ahora (o mejor, desde hace un año), a leer en inglés tocan.

En cualquier caso, me ha llamado la atención el término "Dragonadas" para referirse a ese tipo de literatura basada en franquicias. Si bien es cierto que este tipo de novelas no son "alta literatura", sí que admito que me han hecho pasar muchas horas de entretenimiento en el pasado, al igual que a otros tantos miles de lectores en todo el mundo. Y que se olvide eso, me da mucha pena.

Algunas de las novelas de Timun Mas en mi estantería, al lado de gigantes como
Frank Herbert. Desde hace un año, son valiosas piezas de coleccionista
Nadie se acuerda, o no quiere acordarse, pero cuando en este país nuestro no existía otra cosa, las sagas basadas en franquicias arrasaban en las librerías. 

Nos lanzábamos, totalmente encandilados, a por las inmortales aventuras de los personajes de las "Crónicas de la Dragonlance", o las sagas de los Reinos Olvidados (no tanto Drizzt Do´Urden, sino sagas inmortales como "El tatuaje azul") o todas las novelas que se publicaron en el mundo de Greyhawk, Dark Sun o la mítica Battletech, por poner algunos ejemplos.

Ahora son todas piezas de coleccionista, especialmente las ediciones en tapa dura y con solapas de aquellos primeros tiempos, y se pagan verdaderos dinerales por ejemplares sueltos en bastantes puntos de la red, así que "algo" debieron despertar aquellos libros de nuestra adolescencia y juventud, que nos hicieron amarlos por encima de muchas cosas y nos iniciaron en el camino de la literatura hacia cotas de mayor complejidad y madurez. No eran Tolkien, ciertamente, pero eran algo muy especial para muchas personas.

Por eso, cuando ahora leo la palabra "Dragonadas", casi se me saltan las lágrimas por lo injusto del trato. Vivimos en unos tiempo en los cuales parece que sólo existe "Canción de Fuego y Hielo", como si esos libros hubieran inventado el género, y nos olvidamos de aquellos relatos, mejor o peor escritos, que nos hicieron soñar y nos catapultaron al vasto universo de la literatura en todos sus aspectos.

No voy a extenderme más es este artículo y en sus reivindicaciones. Tan sólo me queda admitir, sin sonrojarme esta vez, que todavía me entretienen las Dragonadas. No son para leerlas todos los días, evidentemente, pero sí que tengo la costumbre de releer una de ellas de vez en cuando, ya sea como intermedio entre dos novelas serias o como "zapping literario" y, la verdad, me siguen sabiendo tan buenas como el primer día.

Como dice la sevillana, "Dicen que el primer amor es el que nunca se olvida". 

Primeros amores tengo muchos, pero de eso ya escribiré en otra ocasión.


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