1 de diciembre de 2014

¡Marcha hacia adelante!



Uno de los autores de no ficción que considero de capital importancia es  Erich Fromm, psicoanalista y autor de libros en los que desarrolla todo un profundo pensamiento humanista.

Hoy he vuelto a retomar su lectura en busca de un poco de brisa fresca para un estado de ánimo algo decaído, originado por un fin de semana de dura labor de correcciones y un final de trimestre algo turbulento.

La desaparición definitiva de una querida amiga (Hola, Z. estés donde estés) tampoco ha contribuido a arreglar mucho las cosas.

No es de extrañar, por tanto, que mi salud se haya resentido, digamos que "un poquito" y tenga que permanecer hoy en casa en vez de ir a hacer ejercicio. Mañana será otro día.

"¡Marcha hacia adelante!", dicen los hobgoblins de ese fabuloso juego conocido como Baldur´s Gate cuando te corren a palos por las montañas de la Costa de la Espada, así que creo que ha llegado el momento de aplicarse el cuento y aporrear el teclado con una mano y sujetar una bebida caliente con la otra antes de meterse a la cama en compañía de unos cuantos virus.

Disciplina. Esa es la palabra que me viene a la mente ("¡Marcha hacia adelante!", gritan sin cesar desde el sótano los malditos hobgoblins). Hablemos de disciplina y volvamos Erich Fromm, el cual tiene un párrafo en el cual escribe acerca de la disciplina como condición indispensable para obtener la maestría en cualquier arte, un párrafo que es todo un mantra en sí mismo:

"Nunca haré nada si no lo hago de una manera disciplinada. Cualquier cosa que haga sólo porque estoy en el estado de ánimo apropiado puede constituir un hobby agradable o entretenido, mas nunca llegaré a ser un maestro en ese arte"


Ahondando más en esta idea, creo que los escritores aficionados no pasan de serlo porque nunca dan el paso definitivo para consagrarse a su dedicación con el rigor de un profesional. Son aficionados porque no se lo toman en serio y, principalmente, porque no son disciplinados en su labor diaria. Lo mismo pasa con los Directores de Juego que no se preparan sus guiones convenientemente, que sus partidas no convencen a nadie y los resultados saltan a la vista a nada que rasquemos un poco. De ellos hablaremos otro día...

Volviendo a la disciplina del escritor, la perseverancia es lo que mantiene a flote al autor. Se trata de una carrera de obstáculos y de resistencia, en la cual se irá puliendo tanto el estilo como el ingenio y en la que, poco a poco, lo bueno que escribamos será cada vez mejor. En el camino, muchos abandonarán y, al final, resulta que sólo quedan los que perseveran, los que se ciñen a un ritmo de escritura con dedicación y pasión, tanto si están animados como si están deprimidos, cuando tienen ideas o cuando están totalmente apáticos, ya sea en plenas facultades o con la salud algo tocada. 

Por eso sigo aporreando el teclado y estampándome en mil y un puertas más o menos cerradas, porque creo en mi capacidad de arrancar palabras al abecedario bajo cualquier circunstancia y porque creo que lo que escribo es bueno o lo será algún día y, por tanto, merece la pena ser conservado y compartido.

Escribir, crear y marchar hacia adelante. No hay otra manera de llegar a la meta.




Fotografía: "Eye of the tiger", by AJ Monpetit (http://www.ajmontpetit.com/)

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