2 de enero de 2015

Hacia el brillante futuro.

Un año termina y otro empieza. Así son los ciclos de la vida y el universo, nos pongamos como nos pongamos. Mentiría si dijera que no me ha costado nada llegar a terminar este artículo, pues el año 2014 ha sido para mí bastante completo para mí, en especial en lo relativo a escribir.

Comencé el año con la moral bastante baja y con la sensación de que debía abandonar definitivamente esta afición porque no le veía demasiado futuro en una sociedad que lee poco (ya sean libros o blogs)  y en la que al autor que empieza a escribir se le mira con cierta compasión, incluso con socarronería, como ya comente en un anterior artículo. Los viejos proyectos quedarían guardados en el cajón como antaño y no volverían a ver la luz por los siglos de los siglos. Era el fin. De hecho, en Abril pensé seriamente en cerrar el blog. Por suerte, lo que hice fue reinventarme, ofrecer un contenido de calidad y expandir mis influencias en las redes sociales como Facebook y Google+.

Para buscar la razón del cambio hay que remontarse al mes Mayo, cuando se encendió una lucecita en el cuadro de mandos con la forma del Concurso de Autores Indie de Amazon, del cual no voy a hablar ni bien ni mal porque ha tenido sus luces y sus sombras. Sin embargo, ese hecho logró despertar a la maquinaria dormida en el sótano, el antiguo motor de escritor que había decidido desconectar pero que se resistía a morir. Así, como si en la oscuridad estuviera Christine (el coche embrujado de la estupenda novela de Stephen King) hibernando bajo su cubierta de lona y alguien encendiera encendiera las luces de la escalera, las cosas se pusieron de nuevo en movimiento y de una vez más volví a retomar la senda con renovadas energías.

Ahora, a día 2 de Enero de 2015, puedo decir que mi particular coche embrujado funciona perfectamente. Puede que el motor esté algo anticuado y que necesite un par de retoques, pero el caso es que la maquinaria tira como la impulsara el mismo diablo y tengo más inspiración que nunca. Incluso demasiada, diría yo, porque apenas tengo tiempo de registrar todo lo que fluye. Es como si, de pronto, hubiera que desatascar todo aquello que llevaba acumulándose en el fondo sin orden ni concierto.

Y hay mucho.  Tengo empezados varios relatos cortos pero no me atrevo a iniciar una novela hasta que el motor se enfríe un poco y deje de expulsar eructos de aceitoso humo que llenan páginas y páginas de buena (y mala) prosa. Algunos de ellos terminarán formando parte de un libro de relatos escogidos, todos relacionados entre sí, muy al estilo de mi viejo y querido Memorias de Tyria. Será un homenaje a todos esos años en los cuales estuve escribiendo sin importar que no hubiera demasiado público. Será un final, así como el principio de muchas cosas importantes.

Después, ya veremos. Tengo una caja llena de material escrito hace muchos años que espera revisión y, quizá, darlo a conocer al público una vez separe lo malo de lo bueno.

Así pues, y sin ánimos de vender humo, creo que el nuevo año empieza mejor que nunca. Ahora, mientras permanezco sentado al volante de mi propio coche embrujado, tan sólo quiero sentir la brisa azotando mi rostro al tiempo que el rugiente motor me lleva a un destino que tan sólo él parece conocer. Rumbo al brillante futuro que se vislumbra en el horizonte.




Imagen: "Road to Death Valley", by GevoelsFotografie,  http://wallpaperswide.com/

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