viernes, 23 de enero de 2015

Inspiración en la montaña


Parado aquí, esperando que mis alumnos regresen de su cursillo en la estación de esquí de Valdezcaray (La Rioja, España), he aprovechado mi torpeza proverbial para escribir esta entrada. 

Todavía me duelen las manos después de apretarles los cierres de seguridad de las botas y me duelen los pies después de andar detrás de los que perdieron las gafas o los guantes con la emoción de la experiencia en la nieve. Ahora están con sus monitores, los cuales les guiarán en tareas para las que yo no me considero tan capacitado y que prefiero dejar en manos de profesionales con más preparación. 

Dentro de un rato, regresarán para la comida con las caras sonrientes, radiantes de felicidad y querrán saber cómo me lo he pasado y si me he aburrido mucho aquí sólo. Después, cuando les diga que he aprovechado para escribir unas líneas, algunos querrán que les cuente de qué va lo que he escrito y si lo voy a terminar pronto, a lo que tendré que responder aquello de “la comida estará lista cuando el cocinero termine” y habrá algunos mohínes que durarán lo que dura un latido.

Como los buenos escritores, he venido armado con mi portátil y una buena dosis de imaginación y creatividad. Dicen que en las alturas, cerca de la naturaleza, es donde se encuentran las mejores ideas y no pienso desaprovechar la ocasión de cazar una musa para mí solito. Quizá sea el aire de este sitio o la variedad de personas que estoy viendo pasar por la cafetería, pero el caso es que llevo un rato observando mi alrededor y me maravillo de lo diferentes que podemos ser los seres humanos, todos iguales y todos tan distintos al mismo tiempo,

Masajeo mi rodilla, esa rodilla artrítica que, con el tiempo, probablemente me obligará a ir con bastón como Gándalf, mientras escribo las primeras setecientas palabras de un nuevo proyecto que me gustaría publicar algún día, una historia para adolescentes de once o doce años con ganas de comerse el mundo. Transcurrirá en una estación espacial, en un lugar frío y lejos entre las estrellas, un  lugar lleno de gentes extrañas de muchos lugares y con lenguas diferentes, todos muy lejos de casa, con sus motivaciones y sus problemas particulares. La primera salida del hogar cuando se ha vivido poco más que una década.

Y es un lugar que conozco muy bien, porque lo estoy viendo desde mi ventana en estos momentos. Un lugar como esta estación, pero sin nieve.




Fotografía: "Inspiración en la montaña". de Francisco Tapia (23/01/15)

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