jueves, 2 de abril de 2015

Revisando cosas

Mirando hacia atrás, si dejo aparte mis comienzos como escritor guardados en un cajón, la verdad es que se puede decir que, por un tiempo, retomé el hábito en el amplio terreno que ofrece la red 2.0. Corría el año 2007 cuando, influido por las técnicas narrativas de Castillo de Falkenstein, decidí comenzar un experimento en la red en forma de blog.

Rótulo del blog de relatos "Memorias de Tyria"
Se trataba de aprovechar situaciones y capturas de pantalla del juego online Guild Wars de Arenanet para hacer una serie de relatos breves unidos entre sí.

Así nació Memorias de Tyria, un fanfiction muy especial y mi primer proyecto abierto al gran público de internet.

Con el decaimiento de la población en los servidores de Guild Wars, los pocos jugadores que se interesaban por aquellas historias fueron cayendo en el olvido y el blog empezó a perder lectores o los que llegaban a él desconocían de qué iba el asunto y se marchaban. Aun así, proseguí escribiendo en él por el mero gusto de hacerlo, al tiempo que empezaba un proyecto similar para World of Warcraft (llamado Memorias de Azeroth), aprovechando el tirón del gigante de Blizzard.

Gnaamesh, el Renegado, uno de los personajes más carismáticos de "Memorias de Azeroth"

Pero el público de un mmorpg no es de los más fieles (evidentemente, tienen cosas más importantes que hacer como jugar online, por ejemplo),  así que terminé echando el cierre y me dediqué a impulsar, de una vez por todas, mi carrera como escritor con algo más de profesionalidad.

Frecuentemente he deseado retornar a aquellos relatos y personajes, ya sea solo o en compañía, para volver a pisar aquellos universos de ficción. La sensación de publicar al instante los relatos breves en forma de diarios, no necesariamente basados en experiencias de juego, es algo que todavía no ha sido superado (si exceptuamos Con Pluma y Píxel, por supuesto) y me tienta, pero la promesa de un brillante futuro, en el cual mis textos lleguen a alcanzar a un mayor público, compensa tantos momentos de camino solitario.

No puedo quejarme. Todos los caminos empiezan en algún lado y el mío tuvo una bellísima etapa de existencia en la red, aunque hoy pocos se acuerden.

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