sábado, 20 de junio de 2015

Atrapando a las musas

Musas de la película de animación "Hércules", de Disney
Los antiguos representaban la inspiración mediante las musas, las cuales descendían a la tierra para buscar a los hombres cuya inspiración debían provocar. Los artistas percibían sus voces y las convertían en pensamientos e ideas, que eran luego plasmadas en sus obras casi por arte de magia.

El carácter sorprendente de la inspiración es lo que hace que, en ocasiones, nos parezcan ideas venidas del exterior cuando la realidad es que surgen, como todo, de nuestra corteza cerebral. Es nuestro cerebro el que mezcla nuestras experiencias y les da una nueva dimensión, haciendo que adopten formas nuevas tan diferentes de la original que nos parecen totalmente ajenas y sorprendentes.

El caso es que eso está muy bien, pero también puede ser un incordio. A las musas no se las puede llamar, sino que vienen a uno sin pedirlo y, por desgracia, en los momentos menos oportunos. Esto es así porque la creatividad aparece cuando hacemos funcionar nuestros dos hemisferios cerebrales conjuntamente. Así, el izquierdo es el analítico (y poco creativo), mientras que el derecho es el de los sentimientos y la intuición. Por eso, cuando estamos muy concentrados en algo o muy relajados, nuestros hemisferios se ponen a trabajar de una manera más armónica...y la inspiración aparece como por arte de magia.

Esta semana, llena de obligaciones laborales, he tenido varios "pantallazos" o "síndromes de hoja en blanco", que es como se suele llamar al momento en el que te bloqueas como escritor y de tu pluma (o teclado) no surge ninguna idea coherente que merezca la pena. Sin embargo, cuando después he estado haciendo otras cosas, ha habido momentos en los cuales sí que he sentido el aliento de las musas en el cogote. ¡Justo cuando menos caso puedo hacerles!

Por suerte, hay remedio para estas cosas.

Hace tiempo que descubrí que la inspiración me suele llegar cuando tengo otras cosas más importantes entre manos, lo cual dice mucho de la capacidad del cerebro humano para procesar la información. Para recoger todas las migajas posibles de los momentos creativos, terminé llevando una libreta con la que tomar breves notas cuando todavía estaban frescas en la mente y luego la pasaba a limpio.

Ahora, con los nuevos tiempos, saco el smartphone, hago un “dictado” en Evernote y me lo mando por correo electrónico, con el agradable resultado de que tengo unos textos casi listos para poder utilizar en el portátil como una base para trabajar.

¡Y así no se me escapa ninguna musa!

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