15 de agosto de 2015

Los librojuegos: una herramienta para educar en la empatía.

El otro día, un amigo me envió una foto de algo que había visto en un quiosco y casi me da un vuelco el corazón: han vuelto a sacar los libros de "Elige tu propia aventura". No he tenido tiempo de investigar quién los publica de nuevo, pero se que debe ser una serie de unos ocho títulos, alguno inédito en España, y a un precio más que asequible.

Para un amante de los librojuegos volcado en su profesión de educador, el que vivamos un renacer del género es algo muy interesante, pues aparte de su carácter lúdico, existe una poderosa fuerza en este tipo de literatura que impulsa el amor por la lectura, especialmente entre los más jóvenes.

Toda una generación de adultos de hoy fueron aquellos niños y adolescentes de ayer que comenzaron a leer con series como La máquina del tiempo y Elige tu propia aventura, para luego pasar a libros de mayor complejidad.

En mi caso, yo ya venía del mundo de la lectura y hubo un libro que me marcó especialmente y que determinaría, en el futuro, mis preferencias en cuanto a géneros literarios: "La historia interminable", de Michael Ende. Totalmente identificado con el protagonista en más de un aspecto, hice mía una de las frases y deseos de Bastian, que no era otra que encontrar algún día una historia sin final, una historia que no se acabara nunca.

La llegada de los libros en los que se podía elegir el final me pareció como llegada del cielo. Cuando me subieron un poco la paga, pude ahorrar durante algunas semanas para adquirir una de aquellas nuevas maravillas que no me explicaba cómo no se le habían ocurrido antes a nadie.

Directamente comencé con Dungeons&Dragons: Aventura sin fin y me encantaron a pesar de costar casi trescientas pesetas de las de entonces. La presentación cuidada en todos los detalles (como todos los productos de TSR que publicó, bajo licencia, Timun Mas), el glosario de criaturas al final y los anuncios del juego de mesa en el que se basaba el universo de los libros bastó para enamorarme de un genero que nada tenía que ver con el terror ni la ciencia ficción y que se denominaba "Fantasía", como el reino de la novela de Ende.

A partir de entonces, mis regalos de Navidades y cumpleaños se redujeron a librojuegos y llegué a tener una pequeña colección en la que aparecían Ian Livingstone, Steve Jackson como reyes del panteón de dioses, que luego fueron destronados por los geniales Joe Dever y Gary Chalk.

La vuelta de los librojuegos es algo que nunca esperaba volver a ver en España, algo que ha despertado muchos recuerdos y sensaciones, buenas y malas, pero que da esperanza porque sé que lograrán enganchar a muchos de nuestros niños y adolescentes con un plato a su gusto, un menú apetecible tanto por sus atractivas temáticas como por la capacidad de elegir el camino de los protagonistas y poder empatizar con ellos de una manera como no se logra con otro tipo de literatura.

Ahora que parece que estamos descubriendo la educación emocional, veo en los librojuegos una estupenda herramienta llena de posibilidades.

 Si enseñar a empatizar con los otros puede ser el primer paso para educar mejor a las futuras generaciones, esta es una oportunidad que como educadores o padres no podemos ni debemos dejar pasar.





Imágenes:
1) Fotografía de escaparate por J. Pérez,
2) Cartel promocional de "Del revés", de Píxar Animation Studios / Walt Disney Pictures

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