sábado, 24 de octubre de 2015

¡Cuidado! Nuestros niños leen y piensan...


Hace una semana, estuve pasando veinticuatro horas (noche incluida) con mis queridos alumnos en un albergue en Bernedo (Álava) con todo lo que ello supone de convivencia fuera del aula y hacer actividades muy diferentes a las que hacemos todos los días, aparte de gritos, carreras y risas. En el viaje de vuelta, reflexionaba en voz alta con mi compañera de tutoría acerca de un hecho que muchas veces se nos escapa: lo contagiosa que es la frescura y la alegría que nuestros preadolescentes, a medio camino entre la niñez y la turbulenta adolescencia, emanan a su alrededor. Esa viveza y ganas de comerse el mundo es un valioso tesoro que merece la pena mantener y preservar a toda costa.

Sin embargo, los Hombres Grises no dejarán que eso ocurra. Pronto, de hecho ya están en ello, los convertirán en máquinas de consumir que no se reirán espontáneamente por miedo a que los miren mal, y que no volverán a ser naturales y espontáneos, sino que se envolverán en convencionalismos y justificaciones para ir totalmente serios en los ascensores y autobuses. En definitiva, que serán apagados en aras de la maquinaria social, una maquinaria que los masticará y escupirá cuando ya no sirvan para producir. Desolador...

La batalla no está perdida todavía. Ya dije anteriormente en otro artículo que nuestros niños, cuando leen, lo hacen sin límites, como si esos libros se fueran a agotar o los bomberos de Bradbury estuvieran a la vuelta de la esquina (¿o quizá sí lo están y no nos damos cuenta de lo anestesiados que vivimos?). Desde luego que no leerán (de momento) "La Regenta" o "El licenciado vidriera", pero sí que tendrán sus lecturas favoritas y sus héroes y villanos predilectos escondidos entre las hojas del papel. Leer aporta muchísimos beneficios a las personas y les abre la mente a nuevos planteamientos en la vida real.

Sí, querido Malfoy, estamos
hablando mal de ti.
Sin ir más lejos, el otro día una de mis alumnas, una chica corriente de esas que no sacan las mejores notas de clase pero que queda con sus amigas en una conocida librería de Logroño, decía que lo peor que hay son las malas personas, los "Malfoy de la vida" y que había que ser mejores que ellos.

¡Toma carga de profundidad! ¡Menudo cañonazo bajo la línea de flotación! Con una docena de estos, se arreglaban muchísimas cosas.

Es por conversaciones como estas por las que, desde mi profesión de educador, seguiré luchando contra viento y marea para que nuestros niños no pierdan la pasión por la lectura, ya sea con iniciativas como "Yo leo fantasía en español" o desde mi participación en "Librojuegos. org". No hay nada más estimulante para un niño que ver como sus profesores no sólo leen en el autobús de vuelta a casa, sino que ademas escriben cosas que a ellos les atraen.

Quizá por eso, y con esto ya termino, me gusta tanto la frase de A.Conan Doyle que hace muchos años adopté como lema de guerra:

"He forjado mi simple plan,
si doy una hora de alegría 
al muchacho que es a medias un hombre
 o al hombre que es un muchacho a medias"
(Sir Arthu Conan Doyle, "El mundo perdido")

Imágenes: 
Hombres Grises, de la película "Momo"
Draco Malfoy, de la serie "Harry Potter", de Warner Bross Studos

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