viernes, 9 de octubre de 2015

Técnicas de rol: Diez cosas que la escuela me enseñó.


Como algunos de los que me siguen ya saben, aparte de escribir, me gano la vida en el mundo de la docencia. Llevo ya más de tres lustros en el reto de la educación, a lo largo de los cuales he pasado por todas las fases, desde los dificilísimos comienzos en los que todo sale mal, hasta las altas cotas que se adquieren cuando uno tiene ya muchas "tablas". Todavía hay tropezones y meteduras de pata, pero ya se nota la experiencia y eso me permite disfrutar cada minuto de mi profesión.

Pues bien, también llevo mucho tiempo (de hecho, muchísimo más), meneando fichas y tirando dados por ahí, así que también puedo afirmar que he alcanzado un nivel aceptable en el tema de la dirección de juegos, después de estamparme con algunas paredes en el proceso.

De todo esto, surge una reflexión y de ella, este artículo. Dirigir una partida es una actividad grupal, en la que la responsabilidad del director de juego es muy similar a la de un docente. A fin de cuentas, se trata de sacar adelante una tarea común, con cierto orden y elegancia, aunque en este caso sea más lúdica.

Las diez cosas que me ha enseñado la docencia, aplicadas a los juegos de rol

1- Deja muy claras las normas: establece o negocia unas normas desde el principio, para no dar lugar a errores y malentendidos más tarde. De todo ello he hablado ya en este artículo. Es bueno establecer una hora de inicio y una de final, así como las normas que van a regir durante tu sesión. Pide que se respeten y respétalas tú.

2- Échale ganas: los seres humanos funcionamos en base a las emociones. Si quieres transmitir un buen clima en la partida, debes echar mano de esa parte irracional. Transmite energía y ganas de hacer las cosas y tus jugadores te seguirán allá donde los queras llevar.

3- Conoce a tus jugadores: esfuérzate en conocer a tus jugadores, qué motivaciones tienen y qué esperan de tí. Saber todo eso puede ayudarte a conecta con ellos a unos niveles que no habías ni imaginado.

4- Saca lo mejor de cada persona: Todos aportan algo a la partida y todos terminan poniendo algo de sí mismos en lo que hacen. Utiliza ese conocimiento en tu beneficio, delegando tareas o creando tramas personalizadas según el carácter de tus jugadores. Huye del menú único para todos, en la medida de lo posible.

4- Domina la ambientación: no hay nada más frustrante que un director de juego que no puede responder a las preguntas que no vienen en el guión. Debes conocer a fondo la historia que se está jugando, así como la historia general del mundo y particular de cada sitio. Dentro de lo posible, no dejes preguntas sin respuesta si no quieres perder la inmersión.

5- Respeta a tus jugadores: el respeto es lo primero, y eso funciona en ambas direcciones. Un juego de rol es una comunicación bidireccional (en dos sentidos), con emisor, receptor canal y mensaje. Si faltas al respeto a los jugadores, abrirás la veda para que eso fluya en ambos sentidos. Detrás de cada jugador hay una persona, no lo olvides.

6- Sé justo: en serio, no hagas trampas. Esto no es una competición. Utiliza los recursos que tienes para modificar algunos resultados, especialmente si son dramáticamente apropiados, pero no engañes a tus jugadores por el hecho de quedar por encima. Sé que hay una corriente de directores que buscan triunfar sobre sus jugadores. Huye de ellos, por favor.

7- Sé consecuente: si algo no va bien, reconócelo e intenta arreglarlo para la siguiente sesión. Y si tomas una decisión, sigue con ella hasta el final. La volubilidad en las normas y en los medios garantiza la desconfianza en el futuro. Aprende a premiar las salidas ingeniosas.

8- Aprende a ser humilde: eres el jugador más importante, pero no eres nada sin los demás. Aprende a reconocer tus errores, a dar marcha atrás si es necesario y admite que puedes equivocarte como cualquiera. “En la mesa y en el juego, se conoce al caballero”, dice el refrán.

9- Sé responsable: Prepara tus partidas con antelación, anticipando las cosas que van a a ocurrir en la medida de lo posible. No hay nada peor que una sesión mal planificada.

10- Prepárate para improvisar: por mucho que prepares la partida, recuerda que todo plan de batalla dura hasta el encuentro con el enemigo. Debes aprender a tener flexibilidad y saber adaptarte al desarrollo de la partida. Tratas con personas, no con máquinas, y eso implica que el ingenio de tus jugadores a veces llega a soluciones diferentes de las que habías planeado. Si la partida se sale del guión, ¡intenta seguirla y disfruta con ello!



Fuente imagen: Vector de Negocios diseñado por Freepik

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