sábado, 30 de abril de 2016

He vuelto a hacerlo

Encapuchado con una galaxia en lugar de rostro

Siempre tengo un buen montón de proyectos en lista de espera, preparados para salir disparados en cuanto creo que están listos. Esto algo que no puedo evitar, como el árbol que da frutos cada temporada, que tampoco puede evitarlo. Simplemente sucede y ya está. A veces, hay alguna parada repentina, pero es más por saturación que por cualquier otra cosa. Como en las cafeteras y las lavadoras, a veces me toca apagar el cerebro y desatascar el filtro.

Entre estos proyectos hay muchos librojuegos, gran parte de los cuales ya están escritos, esbozados o empezados, los cuales se encuentran durmiendo en su cajón a la espera del tiempo de la maduración. Pues bien, el tiempo de madurar ha llegado y, poco a poco, van saliendo de su estado de hibernación.

Uno de esos proyectos era una idea a medio desarrollar, la cual empezó a concretarse en forma de un relato corto que iba a estar destinado a ser un microdédalo. Sin embargo, resulta que soy un escritor muy orgánico, de modo que suelo permitir que las cosas crezcan a su ritmo (por suerte, tengo otro trabajo que paga las facturas) y que normalmente no sabe muy bien cómo van a terminar sus historias ni qué va a ser de sus protagonistas. En cierto modo, es lo que me parece más divertido de esto, ya sea escribir, hacer un guión de rol o dirigir una sesión de juego con mi grupo de jugadores predilecto.

Para cuando tenía acabado el primer borrador (ese que no suele servir de mucho) me di cuenta de que no habría sitio en la hoja de papel de un microdédalo para todo lo que había escrito y pensé «¡Qué demonios, vamos a cortarlo!», así que me puse a recortar lo que parecía sobrar, una escena aquí, un diálogo allá, hasta hacer algo más manejable. Llegó la hora de repasar lo recortado y comprobé que el resultado no me satisfacía. Por primera vez, me sentía mal podando el seto que yo mismo había sembrado, así que decidí dejarlo como estaba y ver a dónde me llevaba.

Así nació la idea que dio lugar a un nuevo proyecto, el cual ya está en la recta final y que espero poder compartir muy pronto con aquellos que me seguís, así como con los que todavía no lo hacen: una historia interactiva de ciencia ficción al más clásico estilo, una space opera como debe ser, con una ambientación propia que lleva gestándose desde 2012 y que iré desvelando más adelante en esta misma página.

Toda una aventura, en el más amplio significado de la palabra, que tendremos aquí muy pronto. De momento, nos leemos.



Imagen: Sci Fi Wallpaper. autor desconocido (http://7-themes.com/6820699-sci-fi-wallpaper.html)

viernes, 22 de abril de 2016

Aprovechar el tiempo es vivir el doble

Reloj de pared
A menudo me preguntan que de dónde saco tiempo para escribir. A menudo, la respuesta habitual suele ser una versión de «bueno, te sientas y ya está», cosa que no suele convencer a nadie pero que, irónicamente, resulta ser la pura verdad.

Una de las labores que tiene que hacer un escritor, ya sea para terminar una novela, un cuento o un guion para un juego de rol, es precisamente eso, escribir. Y la labor de escribir no es de las más fáciles de acometer cuando no se dan las circunstancias adecuadas, que no son otras que las que favorecen la creatividad. Más veces de las deseables, esas circunstancias no resultan ser las óptimas, dado el estilo de vida que llevamos, siempre con prisas y siempre corriendo por llegar a todo y a todos.

Sin embargo, hay que escribir todos los días si queremos lograr unos resultados aceptables a largo plazo. Y para ello es necesario estar hecho de una pasta especial, de esa que se queda pegada a las paredes, ya sea con lluvia o con sol. Desde que me enteré de que hay cementos que fraguan en todas las condiciones, incluso debajo del agua, no se me ocurre un símil mejor para describir a alguien capaz de sentarse y juntar unas letras en cualquier momento y con cierto grado de coherencia. Y lo mismo sirve para cualquier otra cosa que requiera un mínimo de constancia, ya sea un arte (diferente de la escritura), un deporte o superar un examen, por poner algunos ejemplos. Para todas ellas, es necesario saber aprovechar el tiempo.

Aprovechar el tiempo es todo un arte en si mismo, una manera de entender la vida que requiere de buenas dosis de paciencia y disciplina, pero que da sus frutos si nuestros esfuerzos logran superar con éxito todas las vicisitudes que nos impedirán llegar hasta nuestro destino final.

Cómo lo hago yo.

Lo primero que necesito es un lugar para la «escritura de vaciado». Como ya comenté en esta entrada, las musas son unas damas muy esquivas y llegan cuando uno menos se lo espera, que suele ser además el menos indicado: conduciendo, estudiando, pagando en el supermercado y cosas así. Esto tiene más que ver con el funcionamiento de nuestro cerebro que con la mitología en sí, pero como símil nos sirve perfectamente.

Libreta con boligrafo y una correa.Es necesario tomar nota de nuestras ideas cuando se nos ocurren. Antes siempre llevaba una libretita y un boli pequeño, ridículamente pequeño, en el bolsillo. Ahora, la tecnología acude en mi rescate y me brinda nuevas oportunidades: llevo un móvil y anoto en él cualquier pequeño detalle que se me ocurre, de forma rápida, a modo del cuaderno de bocetos de un artista. Con este «cazamariposas», no hay musa que se resista.

La siguente medida es tener un horario bien establecido, para lo cual es necesaria una buena dosis de autoconocimiento, que solo se puede obtener si nos dedicamos a estudiarnos, comprendernos y aceptarnos tal y como somos. Evidentemente, la sociedad moderna, la de los Hombres Grises, es contraria a este tipo de doctrinas, la cuales considera una pérdida de tiempo y nos facilita las cosas ofreciéndonos toda una pléyade de soluciones prefabricadas, listas para calentar y servir. Nada más lejos de la realidad, ya que el autoconocimiento parte de la dedicación a uno mismo, de conocerse lo suficientemente bien como para aceptarse en todos los aspectos de la vida, especialmente en los negativos. Y para ello, además de un tiempo personal, se requiere querer realmente hacerlo.

Un método puede ser sentarse en un lugar tranquilo, con un folio en blanco y hacer una línea que divida la hoja en dos mitades. En una de ella pondremos nuestras virtudes y en la otra nuestros defectos. A partir de ahí, lo que toca es sacar conclusiones…

En lo que nos ocupa, conocer cuáles son las horas del día a las que podemos sentirnos intelectualmente más activos y que coincidan con un periodo libre de nuestras obligaciones personales, es fundamental para confeccionar un horario de trabajo creativo con ciertos visos de realidad. Después, hay que cruzar esos datos con los impuestos por todas nuestras tareas diarias y sacaremos los huecos disponibles, dentro de un límite razonable.

La tercera fase es de pura cabezonería: hay que respetar esos momentos para lo que fueron ideados, es decir, para escribir. De nada sirve tener un horario establecido si, a la hora de la verdad, nos hacemos los remolones y los ocupamos en otras cosas, normalmente en perder el tiempo. La pereza o la desgana pueden aparecer puntualmente en nuestra rutina diaria, pero no deberían ser la norma. Es más, cuando aparecen en el lugar de algo que nos debería apasionar, significa que no todo va como debiera y que tendríamos que analizar nuestras emociones para poder entender lo que nos pasa e intentar solucionarlo.

Podríamos seguir adelante con el tema, pero no puedo dar soluciones prefabricadas para personas a las cuales no conozco tan bien como ellas mismas deberían conocerse. Esto tan solo ha sido una exposición de lo que yo hago, que no tiene por qué valer para todo el mundo. Ahora toca hacer trabajo de desarrollo personal.

Así pues, querido lector, espero que estas líneas te hayan servido para aclarar algunas ideas o, por lo menos, para ponerte en camino de algunas soluciones. Volveremos a tratar más adelante estas cuestiones en otros artículos, aunque creo que ya tienes suficientes deberes por hoy. Te espero la semana que viene en «Con Pluma y Píxel».



Imágenes:
«Time-2», by Marcelo Terraza
«Libreta de apuntes», por Francisco Tapia

viernes, 15 de abril de 2016

Ser auténticos.

Cachorro tumbado en la hierba
En la vida de todo autor, hay una regla que parece que se nos escapa, y que no es otra que la de ser uno mismo. Nos exigimos en exceso a nosotros mismos para no perder el tren y gustarle a todo el mundo, sin separarnos de lo tendencioso y moderno, como si aplacando a los ídolos del posicionamiento en internet, así como a hipotéticos lectores o editores las cosas nos fueran a ir mejor. Ello acaba derivando en una mayor estandarización y en arrinconar, como si fuera un anatema, aquello que nos hacía genuinos y diferentes, aquello que nos hacía auténticos. 

Uno de los síntomas de este proceso son los llamados bloqueos del escritor. La experiencia me ha enseñado que, en este punto, lo mejor es detenerse, mirar hacia atrás para ver el camino recorrido y, sobre todo, recuperar los orígenes de nuestra creatividad, pues los hemos perdido en algún punto como a un cachorrito travieso, el cual tan solo espera que lo llamemos por su nombre para acudir a nuestro lado, contento y feliz. Así pues, revisemos.

Dejando aparte colaboraciones en algún fanzine y proyectos similares, podríamos decir que mi primera obra publicada fue el blog Memorias de Tyria. Allí ofrecía ficción (bueno, fanfiction) de modo desinteresado y con el único objetivo de pasarlo bien siendo creativo. La verdad es que las historias de sus protagonistas, narradas casi a diario y en primera persona, tuvieron bastante éxito durante un tiempo, especialmente entre los aficionados a Guild Wars Online

En aquella época lo denominé «literatura en mosaico», por su parecido a una de dichas construcciones, aunque ahora me he enterado de que se llama «novela coral» y que es algo que parece que se usa mucho, especialmente en el terreno de las novelas de fantasía. Siguiendo su estela, en 2010 abrí Memorias de Azeroth, esta vez para los aficionados a World of Warcraft. Con ambos fanfictions aprendí muchísimas cosas, que es en el fondo de lo que se trataba, y me lo pasé en grande.

El salto cualitativo vino con la publicación de Mundos fantásticos, primero en formato electrónico y luego en papel. Con ese libro, de unas ochenta páginas, seguí aprendiendo muchas cosas y, a la vez, pude demostrarme que podía llegar más lejos todavía. Era mi primera aventura en el mundo de la autopublicación con fines comerciales, y la verdad es que la experiencia ha sido (y es) muy gratificante. 

Mi siguiente obra tiene por título Oro de sangre y, por diversos motivos, se encuentra en revisión y a la búsqueda de un editor que quiera arriesgarse, lo cual llevará algún tiempo. De repente, siento que algo está deteniéndose, a medida que las dudas empiezan a surgir. ¿Será lo suficientemente bueno? ¿Será del montón? ¿Habrá que cambiar muchas cosas?. El proyecto entra en pausa técnica y las dudas van en aumento y me acompañarán durante un tiempo, como una nube de tormenta que solo flotara sobre mi cabeza. Escribo artículos y doy consejos, pero la nube no se marcha. Por primera vez en mucho tiempo, me parece que no estoy aprendiendo nada. Por primera vez, me cuesta poner más de cincuenta palabras.

Por suerte, cuento con personas que saben de lo que he sido capaz de hacer y con otras que me apoyan, así que no estoy del todo solo en este atasco. También conozco lo suficiente los procesos de aprendizaje y desarrollo personal (a fin de cuentas, trabajo de lunes a viernes enseñando a los que no saben) como para reconocer que esto es solo una etapa de tránsito, de esas en las que no se aprende nada nuevo, y que de estas cosas se acaba saliendo si uno vuelve a sus raíces, si se vuelve auténtico.

Me paro, miro hacia atrás y, de repente, una cabecita peluda asoma entre las matas. Es mi cachorrito particular, ese que empezó a seguirme cuando escribía por primera vez. No es muy grande y ni podrá ganar en una competición seria con otros perros, pero es el mío y es lo que importa. Lo llamo y, en cuanto dejo de compararlo con los demás, acude a mi vera como si siempre hubiera estado ahí. Para algunos, las musas son señoras muy elegantes vestidas con toga. Para mi es un cachorrillo juguetón que va y viene, qué le vamos a hacer.

Ahora que lo tengo a mi lado, las dudas desaparecen. No tengo por qué seguir a otros. Ya han desaparecido los bloqueos y llevo una semana creando y escribiendo con regularidad mi cuota de palabras diarias. La maquinaria, detenida por «mantenimiento» vuelve a funcionar como siempre lo ha hecho, sin detenerse para nada. Ahora solo queda seguir adelante, hacia el brillante futuro.

A ti, querido lector, seguramente te ha ocurrido algo semejante a lo largo de tu periplo creativo y seguro que sabes de lo que hablo. Si todavía te encuentras detenido en el camino, espero que este artículo te ayude a emprender tu propia búsqueda de lo que una vez te hizo auténtico, porque ser auténtico es lo mejor que le puede pasar a una persona creativa. Levántate y camina. No vivas para otros. Vive y escribe para ti.

Nos leemos.


domingo, 10 de abril de 2016

Me gusta que los planes salgan bien.

Casas altas, de estilo nórdico, con el fondo de montañas nevadas. Un fragmento de mi querida campaña de fantasía.
Es importante un entorno bien estructurado para disfrutar
de un mundo vivo y sólido que parezca creíble.
Retomar la tarea de dirigir es como volver a retomar la práctica deportiva después de mucho tiempo sin poder hacerlo, ya sea por falta de tiempo, obligaciones o, simplemente, desgana. En un deportista la desgana no es una excusa pero enfrente de una hoja en blanco no podemos permitirnos perder la emoción ni el interés en lo que estábamos escribiendo porque lo notará el lector o nuestro grupo de jugadores. Debemos poder crear esa inmersión lúdica en nuestro público, esa «telepatía» de la que habla Stephen King.

Lo que está claro es que nunca hay que sobreestimar las propias capacidades, pues el exceso de confianza siempre es peligroso y, aunque esto es como montar en bicicleta (que nunca se olvida), también es una disciplina que requiere de mucha atención y, sobre todo, capacidad de respuesta rápida. 

Otra cosa que tuve en cuenta es que no hay que esperar que todo salga bien a la primera. La paciencia es una virtud que desarrolla todo artista y yo, al menos, me considero uno. Me gusta escribir y desarrollar historias y algo de eso tenía que ir filtrándose poco a poco. De hecho, basta con mirar el abultado archivo de anotaciones acerca del mundo de juego para ver que tengo un mundo consistente y bien estructurado, un mundo con sabor.

Es probable que me saltara algunas reglas, tanto por las altas horas (alguno de mis jugadores sale tarde trabajar y otro no puede venir por horarios laborales) como por el óxido acumulado por la inactividad, pero tengo la suerte de contar con la paciencia y el apoyo de buenos jugadores, capaces de repetir una tirada si algún cálculo no era el correcto. 

La contribución del autor de este artículo a la creación de mundos de fantasía, en formato de ebook disponible en Amazon.Lo importante aquí es que contamos con un mundo completo, bien estructurado, con una coherencia que hace que sea un mundo vivo, con su pasado, su presente y su buena provisión de futuros alternativos. Mi grupo ya lo sabe y, lo que es mejor, sabe a lo que viene, esto es, a una campaña de tipo narrativo con algo de acción. Saben que valoro la interpretación y la coherencia, así como la inculturación, y no me defraudaron en absoluto. Más bien al contrario. 

Por eso hoy puedo decir sin sonrojarme que los mantuve absortos durante varias horas, trazando planes y siendo partícipes de sus vidas alternativas, incluso cuando reescribían la historia: uno de los protagonistas tomo una decisión que cambiará parte del futuro del mundo, tanto en el plano físico como en los diferentes planos de existencia de este universo de juego, aunque ello le haya costado tener que jubilar su propio personaje, eso sí, de una manera heroica.

Son estas situaciones las que cada sesión me animan a acercarme una vez más a la mesa de juego, a dar vida a un mundo cada día más vivo. Espero poder vivir muchas más y, sobre todo, poder plasmarlas algún día en un extenso relato para compartirla con muchísima más gente.

Hasta entonces, seguiremos leyéndonos.


domingo, 3 de abril de 2016

Siete razones para no ser una persona creativa.

Una persona creativa toma elementos conocidos y les da formas nuevas. Así, el escultor cincela la piedra hasta esculpir una bella estatua y el pintor mezcla pigmentos para plasmar una imagen sobre un lienzo, por poner dos ejemplos. Para las personas creativas por naturaleza, supone un gozo el poder expresar sus sentimientos en forma de algo tangible, diferente.

Sin embargo, a pesar de estar bendecidos con un don muy especial, las personas creativas no siempre son felices. Más bien resulta todo lo contrario.

El mundo, especialmente en una sociedad edificada sobre los principios del consumo, lo prefabricado y lo precocinado, no ve con buenos ojos a la gente creativa.

Las siete razones por las que no deberías ser una persona creativa:

1) Su visión del mundo es diferente: el creativo vive en su propia esfera personal, particular y única, que no suele coincidir con el ambiente que lo rodea. Eso hace que choque con lo establecido.

2) Acostumbran a perder el tiempo: el proceso creativo se manifiesta como un complejo proceso cerebral, en una intensa labor de recopilación de datos y reconstrucción de elementos para crear algo nuevo. Esto, más a menudo de lo deseable, olviden lo práctico y útil (cómo nos gusta esa palabra, digna de los Hombres Grises, ¿eh?)

3) Son indisciplinadas: no suelen amoldarse a una rutina o crean la suya propia. Es muy difícil que una persona creativa sea seguidora de la disciplina externa, mientras que suelen ser muy cuidadosos con sus propias rutinas personales.

4) Son débiles y sensibleras: son personas observadoras especialmente con las emociones. La misma capacidad de sentir es la que los hace innovadores pero, al mismo tiempo, vulnerables. Para muchos «elementos», esto es motivo más que suficiente como para hacer sufrir a este tipo de personas.

5) Son personas solitarias: el proceso creativo requiere de un cierto grado de introspección, lo que significa que buscarán la soledad más a menudo de lo habitual.

6) Son personas, a menudo, incomprendidas: su propia originalidad suele convertirse en una diferencia a la hora de establecer relaciones personales. Para muchos, eso ya es motivo suficiente para el rechazo.

7) No están entre los favoritos de sus profesores: más bien, suele ser al contrario. En una sociedad cuadriculada y organizada para la obediencia y el consumo, el clavo que sobresale es el que recibe el primer martillazo. En cierto modo, pensar es peligroso.

Desolador, ¿no?

Si aún así todavía te sientes una persona creativa y crees que es un modo de vivir auténtico y liberador, sé bienvenido al club de las personas que:

1) Tienen una profundidad y una riqueza personal única, que les permite dar nuevos enfoques a la realidad y dejar un rastro difícil de borrar. Son portadores de un mundo nuevo.

2)Son capaces de meditar las cosas y llegar a pensamientos propios.

3) Exploran nuevas maneras de hacer las cosas que para otros pasaron desapercibidas. Son, en cierto modo, el motor del cambio.

4) Son capaces de entender al ser humano desde las emociones, nuestra parte más profunda, amarlas y sufrir con ellas.Si te fijas, serán los favoritos de los niños y de los animales. Por algo será.

5) Saben estar a solas consigo mismos y no aburrirse.

6) Son piezas únicas en el puzzle de la vida, por lo que son realmente afortunadas de ser diferentes, ya que la evolución viene de los que son diferentes a los demás.

7) No darán nada por sentado y serán capaces de crear sus propias opiniones, de ver el cambio allí donde deba estar. Probablemente, no lleguen a ser ingenieros (de esos que hoy llenan las filas del paro en España), pero tampoco les importará demasiado.

Desde aquí, querido lector, te animo a que seas creativo, a que seas lo que debas ser. No descuides ni tu formación ni tu sustento diario, pero no renuncies nunca a ser lo que eres. Y si no le gustas a alguien, que mire para otro lado...


Imagen: Greeny, by jason aaberg (http://es.freeimages.com/

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