viernes, 15 de abril de 2016

Ser auténticos.

Cachorro tumbado en la hierba
En la vida de todo autor, hay una regla que parece que se nos escapa, y que no es otra que la de ser uno mismo. Nos exigimos en exceso a nosotros mismos para no perder el tren y gustarle a todo el mundo, sin separarnos de lo tendencioso y moderno, como si aplacando a los ídolos del posicionamiento en internet, así como a hipotéticos lectores o editores las cosas nos fueran a ir mejor. Ello acaba derivando en una mayor estandarización y en arrinconar, como si fuera un anatema, aquello que nos hacía genuinos y diferentes, aquello que nos hacía auténticos. 

Uno de los síntomas de este proceso son los llamados bloqueos del escritor. La experiencia me ha enseñado que, en este punto, lo mejor es detenerse, mirar hacia atrás para ver el camino recorrido y, sobre todo, recuperar los orígenes de nuestra creatividad, pues los hemos perdido en algún punto como a un cachorrito travieso, el cual tan solo espera que lo llamemos por su nombre para acudir a nuestro lado, contento y feliz. Así pues, revisemos.

Dejando aparte colaboraciones en algún fanzine y proyectos similares, podríamos decir que mi primera obra publicada fue el blog Memorias de Tyria. Allí ofrecía ficción (bueno, fanfiction) de modo desinteresado y con el único objetivo de pasarlo bien siendo creativo. La verdad es que las historias de sus protagonistas, narradas casi a diario y en primera persona, tuvieron bastante éxito durante un tiempo, especialmente entre los aficionados a Guild Wars Online

En aquella época lo denominé «literatura en mosaico», por su parecido a una de dichas construcciones, aunque ahora me he enterado de que se llama «novela coral» y que es algo que parece que se usa mucho, especialmente en el terreno de las novelas de fantasía. Siguiendo su estela, en 2010 abrí Memorias de Azeroth, esta vez para los aficionados a World of Warcraft. Con ambos fanfictions aprendí muchísimas cosas, que es en el fondo de lo que se trataba, y me lo pasé en grande.

El salto cualitativo vino con la publicación de Mundos fantásticos, primero en formato electrónico y luego en papel. Con ese libro, de unas ochenta páginas, seguí aprendiendo muchas cosas y, a la vez, pude demostrarme que podía llegar más lejos todavía. Era mi primera aventura en el mundo de la autopublicación con fines comerciales, y la verdad es que la experiencia ha sido (y es) muy gratificante. 

Mi siguiente obra tiene por título Oro de sangre y, por diversos motivos, se encuentra en revisión y a la búsqueda de un editor que quiera arriesgarse, lo cual llevará algún tiempo. De repente, siento que algo está deteniéndose, a medida que las dudas empiezan a surgir. ¿Será lo suficientemente bueno? ¿Será del montón? ¿Habrá que cambiar muchas cosas?. El proyecto entra en pausa técnica y las dudas van en aumento y me acompañarán durante un tiempo, como una nube de tormenta que solo flotara sobre mi cabeza. Escribo artículos y doy consejos, pero la nube no se marcha. Por primera vez en mucho tiempo, me parece que no estoy aprendiendo nada. Por primera vez, me cuesta poner más de cincuenta palabras.

Por suerte, cuento con personas que saben de lo que he sido capaz de hacer y con otras que me apoyan, así que no estoy del todo solo en este atasco. También conozco lo suficiente los procesos de aprendizaje y desarrollo personal (a fin de cuentas, trabajo de lunes a viernes enseñando a los que no saben) como para reconocer que esto es solo una etapa de tránsito, de esas en las que no se aprende nada nuevo, y que de estas cosas se acaba saliendo si uno vuelve a sus raíces, si se vuelve auténtico.

Me paro, miro hacia atrás y, de repente, una cabecita peluda asoma entre las matas. Es mi cachorrito particular, ese que empezó a seguirme cuando escribía por primera vez. No es muy grande y ni podrá ganar en una competición seria con otros perros, pero es el mío y es lo que importa. Lo llamo y, en cuanto dejo de compararlo con los demás, acude a mi vera como si siempre hubiera estado ahí. Para algunos, las musas son señoras muy elegantes vestidas con toga. Para mi es un cachorrillo juguetón que va y viene, qué le vamos a hacer.

Ahora que lo tengo a mi lado, las dudas desaparecen. No tengo por qué seguir a otros. Ya han desaparecido los bloqueos y llevo una semana creando y escribiendo con regularidad mi cuota de palabras diarias. La maquinaria, detenida por «mantenimiento» vuelve a funcionar como siempre lo ha hecho, sin detenerse para nada. Ahora solo queda seguir adelante, hacia el brillante futuro.

A ti, querido lector, seguramente te ha ocurrido algo semejante a lo largo de tu periplo creativo y seguro que sabes de lo que hablo. Si todavía te encuentras detenido en el camino, espero que este artículo te ayude a emprender tu propia búsqueda de lo que una vez te hizo auténtico, porque ser auténtico es lo mejor que le puede pasar a una persona creativa. Levántate y camina. No vivas para otros. Vive y escribe para ti.

Nos leemos.


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