sábado, 11 de junio de 2016

¡Llévatelos al huerto! (ejem...)

Cavernícolas narrando historias de caza en el paleolítico
«Kurmak se acomodó en la entrada de la cueva para vigilar, mientras el resto de la tribu se reunía alrededor de la hoguera. Aunque su obligación lo mantenía lejos de la misma, se las había apañado para estar a medio camino y no perderse ningún detalle de la historia que aquella noche contaría Krem el Chamán. Kurmak era un joven imaginativo y le gustaba escuchar las historias que los cazadores contaban por la noche a la lumbre, pero las que más le gustaban eran las de Krem. Aquel hombre medicina, a menudo tan misterioso y distante, sabía cómo hacer que los espíritus de la lumbre bailaran para él y hacer que los alucinados ojos de los niños, y no tan niños, vieran en sus cabezas aquello que no podían ver con sus ojos. Kurmak asintió en la oscuridad. Decididamente, su narrador favorito era Krem.»

Francisco Tapia («El contador de historias»)

Todo narrador de historias que se precie, ya sean escritas o de manera oral, debe poseer unas dotes especiales para lograr cautivar a su público y mantenerlo enganchado en sus palabras. Contar historias es, por tanto, una rara habilidad de esas que tan solo parecen poseer determinado tipo de personas. Así, desde tiempos inmemoriales, la humanidad se ha dividido entre los narradores y los espectadores, entre los que hablan y los que escuchan, entre los que escriben y los que leen.

No vamos a dar aquí una clase teórica acerca de los diferentes tipos de narrador, así como tampoco acerca de los elementos de la comunicación, pues para ello tenemos excelentes recursos académicos en la red y no es materia como para tratar en este blog. De lo que sí que vamos a ocuparnos, es de los recursos que tenemos a la hora de narrar una historia y enamorar con ella a nuestro auditorio o, como suele decirse, «llevárnoslo al huerto».

Recursos para hacer de ti un mejor narrador

1) Utiliza un lenguaje adecuado para cada ocasión: El buen narrador debe ser capaz de dominar todos los registros del idioma, hacerlos suyos y jugar con ellos para utilizarlos en el momento que más le convenga. no hay nada más frustrante que una descripción compleja en un auditorio infantil o al revés. (en este último caso, además, el público puede enfadarse con nosotros si se siente ofendido). Así pues, hay que elevar o disminuir la complejidad de las descripciones y referencias en función del público a quien nos tengamos que dirigir.

2) Amplía tu léxico: si no sabes qué quiero decir, entonces este punto es para ti. Hay que dominar un gran número de palabras diferentes para llamar la atención y evitar que todo suene igual. Por supuesto, eso no significa que tengamos que agobiar al lector u oyente con una retahíla de sinónimos, como si nos dieran de merendar «papillas de diccionario», pues eso tiene un nombre y no es otro que el de pedantería. El público odia a los pedantes, así que mejor no convertirse en uno, ¿no?

3) Créetelo: Stephen King dice (Mientras escribo) que escribir es lo más parecido a la telepatía y puede que, en cierto modo, tenga razón. Si tu obligación como narrador es la de proyectar en las mentes de tu público todo un mundo imaginario y lleno de cosas que no existen y luego pretender que se vean en él, no te queda más remedio que creerte lo que estás contando. Como narradores, tenemos la obligación de transmitir esa sensación de realidad en sus cabezas (como Krem el Chamán), lo cual solo podemos lograr si le echamos ganas y entusiasmo a nuestras descripciones.

4) Maneja las sensaciones: todos percibimos el mundo con los cinco sentidos, no solo con la vista. Por otro lado, somos nosotros quienes le decimos a nuestro público lo que ve, qué sonidos escucha y qué olores llegan a su olfato. Cuanto más enriquezcamos (sin atosigar) el número de sensaciones, más enriqueceremos nuestra descripción y, por tanto, más real parecerá nuestro relato. La profundidad sensorial produce credibilidad.

5) Maneja los sentimientos: esto viene ligado al punto anterior. Tenemos que ser capaces de generar determinados sentimientos en nuestro público. (¿te imaginas una historia de terror que no produzca miedo?). De nuevo el lenguaje adecuado es imprescindible pero también lo es el ritmo. Por ejemplo, para una secuencia de acción yo utilizaría frases cortas y descripciones breves y precisas, pues es lo que realmente percibimos cuando estamos en tensión. De este modo generaría una sensación de «urgencia» y una pequeña dosis de sano estrés en mi público. En cambio, para una secuencia tranquila, me extendería en las descripciones y reduciría el ritmo mediante frases más largas y oraciones más complejas, especialmente si se trata de un texto. A fin de cuentas, no hay prisa y la mirada se recrea más en los detalles, percibimos más olores y nos podemos centrar más en la introspección de los personajes. En el caso de las narraciones de viva voz o en una mesa de juego de rol, el uso de la música adecuada o los recursos como las luces de ambiente resultan muy útiles para manejar el ambiente.

Existen muchos otros factores que tienen en cuenta los buenos narradores de historias, tales como la calidad de la narración y, sobre todo, la trama, pero creo que se saldría de las ambiciones de este artículo. De todos modos, espero que estas pinceladas te ayuden a encontrar tu propio estilo y que sepas llevar a tus lectores o jugadores a nuevas cota de inmersión narrativa. Te aseguro que todos los «Kurmak» del mundo te lo agradecerán y se sentarán contigo a la luz de la hoguera a escuchar tus historias. Hasta la semana que viene.


Imágen: «El fuego de campamento», by Bob Hersey

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