4 de junio de 2016

Seis modos de viajar por el espacio

Nostromo, alien 1979

El diseño de cualquier universo debe seguir unas reglas concretas y la ciencia ficción no es ninguna excepción. Todos los detalles de una ambientación, ya sea para un entorno de campaña, una novela o un conjunto de relatos que transcurran en los mismos lugares, deben ser coherentes entre sí. Un autor debería poder responder a cualquier pregunta que se pueda hacer un lector acerca de lo que está leyendo en esos momentos. De hecho, en el caso de los directores de juegos de rol, es imprescindible que la respuesta sea inmediata, pues los jugadores a menudo basan sus decisiones en los supuestos de la realidad en la que se mueven sus personajes.

En el campo que hoy nos ocupa, la ciencia ficción, son los viajes espaciales uno de los detalles que más tenemos que tener claros, ya que el tipo de viaje espacial influirá muchísimo en el modo en el que se organicen las sociedades de nuestro universo y marcará sus creencias o el tipo de gobierno.

Viajar por el espacio supone recorrer distancias inconmensurables en términos de tiempo geológico. Por ejemplo, la distancia entre la Tierra y el Sol (denominada Unidad Astronómica o UA) es de unos ciento cincuenta millones de kilómetros y se utiliza para medir desplazamientos dentro del sistema solar. Pues bien, la luz del sol tarda unos ocho minutos en llegar hasta nosotros desde que abandona la fotosfera del Sol hasta que alcanza la exosfera de la Tierra. Eso supone que todo lo que se desplace a la velocidad de la luz, como por ejemplo las ondas de radio, tardará ese mismo tiempo en alcanzar su destino. Y eso que estamos hablando de una distancia pequeña en comparación a las que nos encontramos en el universo. Si se nos ocurriera que nuestros protagonistas tuviesen que cruzar nuestra galaxia por un motivo cualquiera o porque quedaría bonito (algo habitual en muchos relatos o ambientaciones de ciencia ficción con poca ciencia y mucha ficción) tardarían unos cincuenta mil años en hacerlo yendo a la velocidad de la luz, lo que haría el viaje incompatible con la existencia humana.


Ya pero, podrían ir más deprisa, ¿no?
Tal y como lo sugiere la Teoría de la Relatividad de Einstein, la velocidad de la luz es la máxima que se puede alcanzar en nuestro universo. No voy a entrar en escabrosos detalles al respecto, pero bastará saber que la velocidad de la luz es una barrera prácticamente infranqueable, al menos hasta que se demuestre que lo contrario. Por suerte, hay varios modos de sacar adelante nuestros viajes, que citaremos a continuación.

Seis modos para viajar por el espacio:

1) Animación suspendida: consiste en introducir a los astronautas en cápsulas de hibernación que
Hipersueño, Alien (1979)
reduzcan al mínimo sus necesidades metabólicas. La duración del viaje sigue siendo la misma, pero los viajeros no sufren sus efectos porque no se encuentran conscientes. al término del trayecto, los dispositivos automáticos de la nave deberían bastar para volver a los usuarios a su estado normal.Como ventaja, permite que los personajes sigan sus vidas como si no hubiera pasado nada, aunque presenta el inconveniente de que el tiempo realmente sí que ha transcurrido para el resto del universo, de modo que sus relaciones personales o familiares pueden haber quedado rotas hace décadas. Por otra parte, la edad de las personas deja de tener sentido porque hay un desfase entre la edad que aparentan y la que realmente tienen. Ejemplos de esto aparecen en la saga de Alien o en 2001, Odisea en el espacio.

2) Naves generacionales: en lugar de dormir a la tripulación y pasajeros, se crea una especie de arca de Noe con todos los recursos para mantener a toda una población de colonos en perfecto estado de salud. Esta población iría renovándose a medida que fueran naciendo y muriendo, de modo que serían los descendientes de los pobladores originales los que realmente alcanzaran el destino final de la nave. Dejando aparte los detalles técnicos de mantener a todo un grupo con vida durante tanto tiempo, el método plantea interesantes retos, tales como el hecho de mantener a una sociedad de modo inmutable durante décadas o siglos sin que haya alteraciones sustanciales en cuanto a su calidad genética o su estabilidad política. Pensemos que bastarían una epidemia o una guerra en el interior de una de estas naves para dar al traste con los planes de colonización. Un ejemplo de este tipo de viajes lo tenemos en la novela Huérfanos del espacio, de Robert A. Heinen.

3) Salto al hiperespacio: esta es una de las más utilizadas, ya que presenta menos inconvenientes a la hora de dar determinadas explicaciones al lector. Básicamente, parte de la premisa de que existe una dimensión superpuesta a la nuestra en la cual la velocidad de la luz no es un factor limitante. Para entrar en esa dimensión, denominada comúnmente «hiperespacio», es necesario disponer de motores especiales que permitan dar el paso a dicha realidad alternativa.

Salto al hiperespacio en Star WarsAunque el concepto matemático de cuarta dimensión existe (aquí puedes ver un vídeo del brillante Carl Sagan en el que lo explica), el hiperespacio no tiene demasiado rigor científico pues no se ha demostrado su existencia. Sin embargo, su utilización elimina muchos de los inconvenientes mencionados en los métodos anteriores y permite crear viajes espaciales relativamente cómodos de narrar y explicar, razón por la que es muy utilizado en el subgénero Space Ópera. Uno de los ejemplos más populares lo tenemos en la saga de Star Wars, aunque aparece en la mayoría de los relatos de Isaac Asimov o en la saga de Mundo Anillo, de Larry Niven.

4) Teletransporte: en lugar de ir a bordo de un vehículo, los viajeros espaciales podrían utilizar dispositivos, normalmente situados en puntos fijos, para viajar de un planeta a otro de modo casi instantáneo. El planteamiento científico de este tipo de métodos se basaría en la descomposición molecular o atómica de los viajeros y sus pertenencias en el punto de partida y su posterior reorganización en el de destino. Dejando aparte la dificultad para explicar la transmisión de dicha información a través de distancias tan grandes, el método plantea interesantes retos, tales como la peligrosidad del viaje (alteraciones por errores de transcripción) o la posibilidad de invasiones a través de dichas puertas de transporte, por poner dos ejemplos. Este método es el utilizado en las películas y en la serie Stargate.

5) Plegar el espacio: este método se basa en una explicación pseudocientífica, basada a su vez en una concepción del universo como algo plano a nivel gravitatorio. Imaginemos que ponemos una
Carguero de la Cofradía de Dune
hormiga en una esquina del papel y que lo doblamos por un momento, de modo que el insecto pudiera pasar de un lado del papel al otro con un pequeño salto. Al desplegar el papel, nuestra hormiga habría recorrido una gran distancia sin casi moverse. Este método es el que utiliza Frank Herbert en toda su serie dedicada al universo de Dune y plantea, entre otras cosas, que los viajes por el espacio no serían más que potestad de unos pocos, llamados Navegantes, los cuales dispondrían del monopolio de dichos viajes, con todas las consecuencias económicas y políticas que se derivarían de ello.

6) Motor de curvatura: el último método es el utilizado por la serie de Star Trek. En la forma original de dicho planteamiento, en la serie, se trata la velocidad de la luz como una barrera más, de modo que bastaría con dar un acelerón especial al motor (denominado motor de curvatura ) para superar dicha velocidad sin mayores inconvenientes que los derivados de dicha aceleración. Dejando aparte su simplicidad, no se trata de una solución demasiado elegante, aunque elimina todos los demás inconvenientes narrativos, por lo que puede utilizarse si no pretendemos dar demasiada originalidad a nuestros viajes espaciales, ya que la popularidad de la serie es enorme y el concepto es exclusivo de la misma.

Evidentemente, existen muchos otros métodos concretos para los viajes espaciales, pero suelen ser variaciones de los seis modos básicos de desplazamiento que hemos analizado en este artículo. Sea como sea el modo en el que queramos que nuestros personajes se desplacen por los vacíos siderales, deberíamos ser coherentes con el método empleado y ajustar las tramas y sociedades que aparezcan en función de las limitaciones, ventajas o inconvenientes de cada uno de ellos.

Como de costumbre, dar coherencia a nuestros universos literarios o entornos para juegos de rol es una de las tareas fundamentales si queremos que todo el conjunto se sostenga por si mismo. Nuestro público podrá disculpar que no nos tomemos demasiado en serio las leyes de la física si la historia es entretenida, pero no nos perdonará si hay contradicciones entre los planteamientos de nuestro universo de juego y las situaciones que deberían darse a nivel político, social o cultural. La coherencia, como siempre, es la clave para triunfar.


Editado el 05/06/16. Ver comentarios más abajo.

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