viernes, 1 de julio de 2016

Devoradores de libros

Como todos los que siguen este blog conocen, me gano la vida educando a personas. Lo de escribir es una faceta más, pero me temo que esa no paga las facturas (al menos, de momento), así que no cuenta en el cómputo final a la hora de priorizar esfuerzos y recursos. Quizá algún día llegue a formar parte de esos privilegiados que pueden vivir de su puño y letra, pero por ahora no es posible.

Sin embargo, algo de mi lado de escritor y lector irredento sí que se filtra en mi labor diaria y se cuela por los canales más extraños para germinar cuando menos te lo esperas. Puede que sea mi manera de dar clase, mi charleta continua o mi manía de dejar títulos de libros y autores en la pizarra cada semana, pero el caso es que algunas de esas cartas a Papá Noel terminan llegando a su destino de una manera tan sutil que asusta.

Así, el otro día, un alumno de cuarto se me acerca y me dice:
—Estoy leyendo un libro de Geralt de Rivia.
—¿Cuál? —Le pregunto.
La espada del destino —responde, y luego añade sonriendo—:¡Me está gustando!

Otra, una chica de tercero, me cuenta en una excursión que está leyendo El Señor de los anillos por segunda vez y que le gusta más que la película. «Lo mejor es la liberación de la Comarca», comenta, «¡No me explico por qué no lo sacan!».

Y podría seguir un buen rato con más ejemplos, como el de aquél alumno que, un día, me pidió Un mundo feliz tras haber leído Los juegos del hambre, la chica que devoraba libros de Agatha Christie en la hora de estudio, el que se aficionó a leer a Terry Prattchet tras hablar del Sistema Solar o la que estaba atrayendo a su noviete al universo de Harry Potter, en un extrañísimo caso en el que la friki era la chica y, el sufridor, el chico (más bien, suele ser al contrario). Sea como fuere, me alegro de haber establecido una conexión tan particular con todos ellos y que nuestras conversaciones fuera del aula discurran por los derroteros de los X-Men, Deadpool o Percy Jackson, (de este último he sido convencido para leer el primer libro, en virtud de un extraño efecto boomerang).

A pesar de lo que diga la estadística, nuestros niños y adolescentes leen y disfrutan con ello, lo cual ya es motivo de alborozo. Leen lo que les da la gana, eso sí, en papel o en electrónico, en pirata o de forma legal, pero leen, y eso es lo que, en última instancia, de verdad importa.

Hasta la semana que viene. Leed mucho...

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