10 de julio de 2016

No cojas el metro...

Screenshot del videojuego Metro 2033
Aprovechando el verano y todas las cosas buenas que trae, tales como más tiempo libre y un ritmo más relajado de la vida, he vuelto a retomar Metro 2033 por tercera vez. Hace hoy un año, disfrutaba con la lectura de Metro 2034 y eso me llevó a releer la primera parte con otros ojos. Pues bien, ahora he aprovechado las rebajas de Steam para embarcarme en la aventura de vivir la experiencia del universo metro en primera persona, esta vez con el videojuego basado en la primera novela. Como amante de la ficción interactiva, siempre es un lujo encontrar una adaptación tan fiel a la atmósfera del libro y, además, poder jugarla como protagonista.

Portada de la edición en castellano de Metro 2033
El juego de 4A Games recrea la atmósfera opresiva del título original, en un estilo que me recuerda muchísimo a juegos como Call of Chtulhu: The dark corners of the Earth o, mejor todavía, Doom 3, Nos presenta un mundo en el que los supervivientes del holocausto nuclear viven hacinados en las entrañas de la red del metro de Moscú (recordemos que fue diseñado como refugio atómico) mientras todo tipo de criaturas surgidas de la radiación campan a sus anchas por la devastada superficie de un mundo donde una vez el hombre fue el amo y señor.

Oscuro, inquietante y desolador, así es el universo creado por el ruso Dmitry Glukhovsky, un mundo demasiado cercano y, al mismo tiempo, bastante lejano en cuanto a probabilidades de existencia. Desde el punto de vista científico, es muy difícil que la naturaleza regenerarse y evolucionar en un lapso de tiempo de unos treinta años, mientras que, por otro lado, está el asunto de que se trata de un sistema con un balance de materia y energía bastante traído por los pelos. Sin embargo, al igual que hacemos con la aeronáutica de un dragón (en serio, ¿eso podría levantarse un palmo del suelo?), la respuesta es exactamente la misma: es imposible, pero nos da igual. Ya se ha encargado el autor de darle un toque de realidad alternativa que deja a la de verdad a la altura del barro. La narración y los personajes superan con creces al realismo y nos hacen olvidar que lo que leemos o vemos no es más que una ficción, imaginativa y novedosa, pero ficción a fin de cuentas.

Como apunte, recordar que este año veremos publicado en España Metro 2035, el nuevo volumen de esta saga de ficción postapocalíptica. Mentiría si dijera que no estoy deseando ponerle la mano encima, pues desde que la descubrí me pareció todo un acierto, un aire nuevo y fresco en el género, demasiado poblado de zombis para mi gusto. La guerra nuclear y sus consecuencias, aunque sean tan descabelladas como esta, es algo que las nuevas generaciones de lectores tienen como algo lejano y desconocido, quizá por no haber vivido en el periodo de la guerra fría. Para los que sí la conocimos, nos basta con ver el telediario para asomarnos, aunque sea por un instante, al filo del abismo una vez más.

Y ahora, si me disculpan, voy a coger el metro...

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