sábado, 17 de septiembre de 2016

¿Bolsón o Sotomonte?

Nazgul

-Comarca...Bolsón...
-No hay Bolsones por aquí...¡Están todos en Hobitton!
(La comunidad del anillo)


El tema de los nombres que escogemos es, cuanto menos, peliagudo. El modo en el que los escogen algunos es, cuanto menos, inquietante.

En primer lugar, está claro que somos siete mil millones de habitantes, así que las posibilidades de repetir nombres y apellidos son relativamente altas. En ese sentido, los hispanohablantes disfrutamos de una gran ventaja sobre los que no lo son, y no es otra que la costumbre de poner dos apellidos en lugar de uno. Así, por lo menos, se evitan un cincuenta por ciento de las confusiones de identidad, aunque no todas.

Por supuesto, también están los que se visten en las redes con un pseudónimo gracioso o los que buscan apropiarse de los nombres de los demás, como si quedarse con la identidad de otros los hiciera ser más auténticos, lo cual indica precisamente lo contrario. Como dice el refranero castellano, «Dime de qué presumes y te diré de qué careces».

Últimamente voy viendo por las redes que se presta cada vez menos atención al nombre que nos ponemos o el que les ponemos a nuestras creaciones. Estoy de acuerdo con que los títulos de los libros o películas no son infinitos (en serio, me gustaría saber cuántos «Oros de Sangre» hay en el mundo, aunque la idea de mi obra es que fuera precisamente un tópico ambulante como toda Dyme Novel que se precie). Las ideas no son nada nuevas desde hace cuatro mil años, si no más, pero se ha perdido la capacidad de documentación previa, curiosamente paralela al descenso del nivel cultural del personal.

Hoy me he desayunado con la sorpresa de que mi nombre de autor (un nombre muy, muy corrientito) aparecía en la ficha de un libro como el del ilustrador. En principio, una cosa así podría resultar graciosa, hasta que uno descubre que un robot descerebrado le ha puesto un hiperenlace que lleva a los lectores a mi propia ficha de autor, en la cual han añadido automáticamente un logro más a mi exigua lista: he ilustrado un libro del que no tenía ni la más remota existencia. Yo no tengo muchas pegas al respecto, pues me da un caché que no tengo, pero otro menos escrupuloso podría empezar a pensar en el modo de sacar tajada de los royalties de dicha obra.

Otro tanto ocurrió hace unos meses con mi fanfiction Memorias de Azeroth, cuya identidad fue suplantada hace unos meses por un grupo de aficionados al WoW sin encomendarse ni a Dios ni al diablo. Incluso yo, siendo el autor de dicha colección de relatos ambientados en el mundo de Azeroth, he puesto un par de notas aclaratorias en las que dejo muy claro que el legítimo licenciatario de dicha ambientación es Blizzard, siendo los relatos algo de mi propiedad, debido a que fueron escritos en un servidor oficial de rol (Los Errantes) y que no involucran ni a personajes oficiales ni a elementos de la trama del juego, excepto los que tengan relevancia en una sesión de rol en un servidor cuyas normas permite esa modalidad de juego de manera explícita. Hablando de ello, estoy pensando en reabrir Memorias de Azeroth para divertimento del personal, así que no lo perdáis de vista en las próximas fechas...

No creo que ninguna de estas cosas que he mencionado más arriba haya sido hecha con mala fe, sino más bien por una dejadez endémica en cómo se hacen las cosas, cada vez más. Resulta que lo mínimo que un autor o editor tiene que hacer cuando va a publicar algo es la fase de documentación. Es tan sencillo como buscar en Google si ya existe otra cosa/persona con ese nombre y hacer los cambios pertinentes antes de lanzarse a la publicación, que luego vienen muchos enredos de estas cosas.

Por suerte, un servidor es muy adaptable y lleva mucho tiempo dándole vueltas a eso del nombre, especialmente el que se asocia con lo que yo escribo. Escogí Francisco Tapia porque es muy cortito y cabe en grandes letras en las portadas de los libros, pero no tengo ningún inconveniente en alargarlo todo lo suficiente como para que sea distinto y distinguible, aparte que más auténtico. Espero tenerlo todo cambiado para la semana que viene, si no antes. Lo malo va a ser modificar las portadas de los libros...

Recuerda la lección de hoy: «Documéntate, Daniel San».

Nos leemos...




Imagen: Nazgûl from "The Fellowship of the ring" (New Line Cinema)

Entrada destacada

Penny Dreadful y Dime Novels