28 de octubre de 2016

A vueltas con el diseño de mundos

mundo esquemático
El diseño de un mundo de fantasía, así como el de cualquier entorno de ficción en el cual queramos desarrollar nuestras tramas, siempre debería ser cuidado en todos sus detalles, ya que eso es lo que garantizará que los lectores se mantengan enganchados a nuestras historias o desistan de ello y se dediquen a otras cosas más interesantes.

Es por ello que debemos prestar la máxima atención a todo aquello que podría influir en el desarrollo de nuestro mundo y, mas concretamente, en las vidas de sus habitantes. En mi libro Mundos Fantásticos: guía para la creación de mundos de fantasía, doy algunas pautas para la creación de este tipo de mundos, acompañadas de numerosas tablas y listas de cosas a tener en cuenta, razón por la cual que recomiendo al lector su consulta si quiere encontrar más detalles y pistas para crear mundos con sabor auténtico (lo cual, por otro lado, me ayudaría a mantener este sitio web y a financiar parte de otros proyectos, especialmente la relativa a los litros y litros de café que se necesitan para ello).

Bromas aparte y volviendo a nuestro tema, normalmente damos por sentado algunas cosas por el simple hecho de que nuestro propio mundo está construido en base a unas reglas que vienen marcadas por la propia evolución del planeta, cuando en realidad estas premisas no tienen por qué cumplirse. Al menos, no en su totalidad.

Por ejemplo, damos por supuesto que en el mar no hay nadie viviendo pero ¿y si fuera así?

Indudablemente, en ese caso tendríamos que plantearnos qué tipo de civilización podría haberse desarrollado en un entorno semejante, en el cual las temperaturas son casi constantes y la luz visible llega hasta los setenta metros, de modo que a los cien metros de profundidad la oscuridad es casi total. Todo esto influiría en los sentidos que tendrían sus habitantes, y esos sentidos influirían en la manera de percibir el mundo, lo que llevaría, en último extremo, a un replanteamiento de conceptos filosóficos, ideológicos y religiosos que daría como resultado una cultura única e irrepetible. Y eso solo si pensamos en sus habitantes, porque la imposibilidad de encender fuego bajo el agua nos plantearía otros retos aún mayores, relacionados con la obtención de materias primas, el desarrollo de la metalurgia o el modo de procesar y conservar los alimentos, por citar algunas de ellas.

A modo de conclusión, podemos afirmar que es necesario pensar en todas las implicaciones que pueda tener un cambio original en nuestros mundos. Dichas implicaciones pueden ser un acicate para el desarrollo de mundos sugerentes y, sobre todo, originales. Por último, es necesario tener un conocimiento profundo de los procesos que puede necesitar una civilización para su desarrollo, ya que el medio ambiente influye en el desarrollo de unas tecnologías e impide el de otras. Esto implica un trabajo suplementario de investigación y documentación previa.

Por supuesto, no nos cabe ninguna duda de que el esfuerzo y el tiempo empleados en la tarea nos serán devueltos en forma de unos mundos originales y bien construidos, que seguro marcarán la diferencia.

Nos vemos en las redes.


Imagen foto: "The globe 4", by Svilen Milev 

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