lunes, 3 de octubre de 2016

Cómo crear un personaje impactante

Máscara de carnaval (Venecia)
En anteriores artículos hemos abordado el tema del diseño de personajes para hacerlos únicos, tanto con respecto a sus motivaciones básicas como en la información no verbal que transmitimos a nuestro público a través de ellos. En esta ocasión vamos a referirnos a todas esas cosas que, ya seamos jugadores de rol, directores de juego o narradores, van a contribuir a que nuestro público haga suyos nuestros personajes y no los olvide fácilmente.

Todo está en la mente.
Una descripción es una pincelada en la mente del lector o el jugador, un toque sutil que activa la máquina de realidad más compleja que conocemos, esto es, el cerebro humano. Con las palabras adecuadas, el narrador tiene que ser capaz de proyectar una imagen de sus personajes que enganche al público y lo haga vibrar en su misma frecuencia. No, no es telepatía, pero casi.

El cerebro de los animales, especialmente el de los vertebrados, está diseñado para recordar y aprender, de modo que podamos elaborar respuestas a problemas desconocidos y aumenten nuestras posibilidades de supervivencia. En el ser humano, esa función se lleva a cabo mediante la utilización simultánea de diferentes regiones del mismo para descomponer la información y recomponerla en formas nuevas, utilizando en el proceso los materiales de los que dispone y rellenando los huecos que faltan con materiales propios. En eso, básicamente, parece que ser que consiste esa capacidad tan maravillosamente humana que denominamos «imaginación». Para ello, lo mejor es hacer una descripción persistente.


¿Cómo hacer una descripción persistente?

1) Edifica unos cimientos: antes de meter un personaje en una historia, es necesario tener claros algunos detalles acerca del mismo para poder jugar después con ellos. Algunos de estos pueden ser: pasado, entorno, compañías, intereses, metas en la vida, miedos o deseos. Todos son importantes, y ninguno forma parte de la descripción, lo que no significa que no tengamos que tenerlos más o menos controlados por nuestra parte.

2) La primera impresión: algunos directores de juego (y escritores), lanzan sobre su público una retahíla de detalles en cuanto un personaje entra en escena, como si todo eso pudiera ser captado en una primera impresión. Esto es un error. Piensa en lo que recuerdas de los primeros encuentros con otras personas y te darás cuenta de que es muy poco. Nuestro cerebro realiza una evaluación rápida del recién llegado y no se detiene en minucias, pero aún así es capaz de captar la esencia del otro. Puede que sea un color, una manera de moverse, el tono de voz o cualquier otra cosa, pero no siempre más de dos o tres detalles elementales.

3) Olvídate de lo que no se ve a primera vista: en general, la gente no lleva un cartel con su biografía prendido del pecho. He leído descripciones que tiran de espaldas por la cantidad de detalles que no pueden verse y que revelan en un primer encuentro. ¿En serio que puede saberse su origen, gustos o eventos del pasado con una sola mirada? Si es así, bienvenido al club de Sherlock Holmes, aunque para el resto de los mortales esto resulta totalmente fuera de lugar. Cuando describas a un personaje, no pongas aquello que no se ve, especialmente si todavía no ha habido más que una interacción superficial. Si no lo crees, sal a la calle y trata de ver esos detalles en los desconocidos que te cruces por la acera. Simplemente, no va a ser posible...

4) Lo esencial es invisible a los ojos: aunque esto puede parecer una contradicción con lo anterior, nada más lejos de la realidad.  Lo que ocurre es que este punto es «para nota» y para corredores de fondo. Los detalles invisibles se van dejando ver a medida que pasa el tiempo y no en la primera impresión. En eso consiste el arte de narrar ficción, en la capacidad de hilar tramas y personajes de una manera armónica. Recuerda que las motivaciones de los personajes literarios son el motor que impulsa sus vidas de ficción, así que piensa en qué personalidad tiene ese desconocido que acabas de presentar a tus lectores (o jugadores de rol) y en cómo se va a desenvolver en el futuro. Es más, no se lo cuentes a tus jugadores y deja que lo descubran por sí mismos. Si haces que el tipejo tenga una hoja de ruta y que intente cumplirla, el impacto está más que asegurado.

Existen en la literatura muchos ejemplos de personajes impactantes con una descripción física más bien escasa. Como ejemplo de mi propia cosecha, propondré a uno de los personajes no jugadores más importantes de mi campaña de fantasía: un príncipe, dotado de una cierta tendencia a la paranoia y al despotismo, con el cual mi grupo de jugadores lleva más de seis años en contacto. En todo ese tiempo, todavía no he dado ni una descripción física del tipo y, aún así, todos podrían describirlo a la perfección y dar detalles del mismo, pues en cada cabeza ha tomado una apariencia personalizada, basada en lo que cada uno ha querido aportar. Eso, desde luego, es un personaje impactante.

En conclusión, resulta evidente que la descripción no es más que el suministro de datos al cerebro de nuestro público (lector, jugador de rol, oyente) para que asimile dicha imagen y, lo que es mejor, la reconstruya a su gusto. Quizá esa sea la razón por la cual es mucho mejor leer un libro antes de ver la película que le da origen, porque los personajes que nos imaginemos siempre llevarán nuestra impronta personal. Serán hijos de nuestros recuerdos, deseos o temores y nos siempre nos parecerán más cercanos que una descripción pormenorizada o que una fotografía.

Hasta la semana que viene.




Imagen: Venice Mask (http://es.freeimages.com/) by Alexander Wallnöfer

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