11 de febrero de 2017

Diez cosas que he aprendido de la autopublicación de libros

Gráfica empresarialPor fin ha llegado el gran momento que estaba esperando, que no es otro que el de la publicación oficial de los Hijos de la Destrucción, el proyecto en el que he estado trabajando últimamente y que tantos quebraderos de cabeza me ha proporcionado. Han sido muchas horas arrancadas al sueño, muchas horas de aprendizaje acerca de cómo maquetar correctamente un texto, de correos electrónicos a profesionales de la edición y de servicios editoriales para saber cómo se hacen las cosas de verdad y para demostrar que vengo en serio en esto de la edición y publicación, que Con Pluma y Pixel ha venido para quedarse.

Soy empresario, (escritor emprendedor, como dice Ana González Duque), pago mis cuotas a la seguridad social y contrato a quien tengo que contratar para hacer despegar en esta nueva andadura de Con Pluma y Pixel y crear mi propia línea editorial de fantasía, ciencia ficción y ficción interactiva, y puedo asegurar que no es un camino fácil el del autónomo en un país como España. Sin embargo, la recompensa de hacer las cosas por uno mismo, y de aprender cada día cosas nuevas, supera con creces todos estos inconvenientes y me llena de ilusión por el futuro. Todavía queda mucho camino por recorrer, muchos desplantes y muchos retos que superar.

Cosas que he aprendido de la publicación de libros


ilustrador medieval

1) Es una tarea de todos los días: una cosa es escribir todos los días y otra muy distinta trabajar todos los días. Como escritor, debes escribir todos los días para no quedarte encasquillado. Como empresario, aunque sea unipersonal, tienes que dedicarle un tiempo todos los días al negocio, a planificar y a pensar en qué riesgos hay que asumir y cuáles no. Como en las ciudades, las infraestructuras y servicios menos agradables son los que mantienen en funcionamiento las partes más vistosas.

2) Tienes que tener los papeles en regla: si de verdad quieres dar el paso de escritor a empresario, debes llevar una contabilidad, estar dado de alta y pagar tus impuestos. Esto no solo es una obligación legal, sino que es lo que de verdad diferencia al pasatiempo de la actividad seria.

3) No vale quedarse sentado y esperar a que las cosas sucedan: la iniciativa en este tipo de situaciones es fundamental. Esperar de un modo pasivo no es el mejor modo de afrontar un negocio. Es como montar una tienda sin dar publicidad y sin salir a buscar a los clientes. Igualmente, tienes que poder ofrecer algo interesante, pero también que se sepa que existe.

4) Hay que moverse mucho por las redes: la presencia en las redes es algo indispensable hoy día. Casi todo el mundo consulta el móvil a diario y utiliza las redes sociales para todo tipo de fines, desde los serios a los lúdicos. Hay que pensar en dedicar un tiempo a las redes sociales, al blog, a crear ofertas en internet, a contestar a proveedores o contratar servicios, pero también hay que ofrecer y compartir lo que haces de modo gratuito, por el simple hecho de que te gusta hacerlo. De otro modo tu presencia será muy limitada, a menos que seas una gran empresa o alguien muy famoso.

5) Hay que moverse mucho fuera de las redes: del mismo modo que en internet hay que estar presente, no puedes olvidarte de que las personas existen en el plano físico y que tú eres una de ellas. Hay que hablar con la gente, compartir vivencias, ser tu propio agente y tu representante. En una palabra, hay que saber vender y, al mismo tiempo, regalar. Si olvidas ese aspecto humano, lo único que lograrás es permanecer lejos y en la distancia, lo cual no es bueno ni como negocio ni como persona.

6) Hay que aprender mucho todos los días: despreciar la propia formación y pensar en que no hay nada que aprender es el primer peldaño en la escalera del fracaso. Hay que aprender acerca de las leyes fiscales, de la burocracia, de pagos y cobros, de distribuidoras y de proveedores, pero en el caso de la edición de libros (o de otro material) es preciso aprender acerca de maquetación, composición, diagramación, estructura de un texto, ortotipografía y demás tareas, lo cual hace que la formación sea lo más importante antes de empezar a funcionar de verdad.

money

7) Hay que invertir dinero: necesitas un colchón inicial para hacer despegar un negocio, tanto más elevado cuando más importante vaya a ser. Se puede empezar con poco dinero, contratando unos servicios básicos como alojamiento o un dominio, pero además hay que saber organizar un presupuesto y llevarlo a cabo. Eso requiere de una buena cabeza (además de un capital inicial que no te lleve a la ruina) para administrar sabiamente el dinero y de una mentalidad de visión a largo plazo, pues las inversiones iniciales pueden tardar mucho tiempo en verse amortizadas o no hacerlo nunca. Piensa en pasar por uno o dos años de pérdidas antes de tener beneficios que los compensen.

8) Hay que seguir invirtiendo dinero: una vez echado a andar el negocio, hay que seguir pensando en gastar en mantenimiento. Si quieres ordeñar la vaca, tendrás que darle de comer o no podrás tener leche. Contrata, dentro de tus límites, a quien pueda hacer lo que no sabes o no tienes tiempo de hacer y haz las cosas del modo correcto, sin chanchullos. Tampoco descuides ni tu formación ni las herramientas adecuadas y piensa en ellas como en una inversión beneficiosa a largo plazo. Publicar un libro puede ser gratis, pero hacerlo bien no lo es.

9) No puedes pararte una vez que empiezas: el negocio se alimenta de sí mismo hasta cierto punto. Habrá que evitar, pues, los periodos de inactividad y tener una cartera de proyectos y una planificación para llevarlos a cabo. Respetar los plazos de recepción y entrega hará que todo vaya en el orden que deba ir y mantendrá las ruedas de tu negocio engrasadas, lo cual es lo mismo que decir que mantendrá la inercia del mismo tras el costoso empujón inicial. Una vez leí que Steven Spielberg utilizaba las ganancias de una película para pagar las deudas de las anteriores y, desde mi propia experiencia, empiezo a ver que este mundillo funciona así.

10) Ofrece un producto de calidad: busca siempre la excelencia en todo lo que hagas, aunque sé consciente de que no lo vas a lograr más que al cabo de muchos intentos. Como escritor, repasa tus tramas, tus personajes, tu ortografía y tu gramática. Como editor, cuida de que el producto sea atractivo y que pueda venderse a tu público. Si ves que no puedes con alguno de los aspectos, contrata a quien creas que sí puede hacerlos, siempre contando con un presupuesto realista. Todas las empresas lo hacen y así se crea el tejido empresarial, con negocios interconectados en busca del beneficio común.

Hijos de la destrucción, impreso
En resumen, que no es fácil montar una empresa y lograr que salga a flote. De momento, Con Pluma y Píxel ha pasado de ser una actividad de tiempo libre a una empresa de edición modesta con un catálogo reducido. Aun así, he tratado de ofrecer una buena calidad en la edición de Hijos de la Destrucción. Seguramente se podría haber hecho mejor, pero con los medios de los que todavía dispongo, creo que el resultado ha sido bastante profesional. La edición de tapa blanda ha sido mimada con esmero dentro de los apretados presupuestos, en detalles como las letras capitulares al inicio de cada episodio o el papel ahuesado, mientras que la versión electrónica es algo más espartana, sobre todo porque pretendo que sea compatible con Kindle, smartphone o tablet. En cuanto a los precios, son competitivos aunque dejen poco margen de beneficios. Seguramente haya todavía cosas que mejorar, pero como entusiasta autor y escrupuloso editor te recomiendo que le eches un vistazo y juzgues por ti mismo.

Hoy he tratado de compartir contigo, querido lector, la parte menos amable de mi carrera. Espero que no te haya importado el desahogo y, al mismo tiempo, te haya servido si tienes idea de empezar a despegar. Por mi parte, espero poder ofrecerte siempre lo mejor dentro de mis posibilidades y mejorar con cada nueva edición para seguir fabricando sueños con los que puedas seguir disfrutando.

Nos leemos.


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