sábado, 25 de febrero de 2017

El peligro de los Hombres Grises para un escritor-emprendedor

Hombres Grises, Momo

En anteriores artículos, hemos visto lo que era la creatividad, así como las dificultades por las que pasan las personas creativas en su vida diaria. También, si me has seguido desde hace tiempo, habrás podido leer lo aburrido que me resulta un mundo en el que todo es igual para todos, así que ya sabes que un artículo que trate acerca de la creatividad es una de esas cosas que más me motivan y que, de vez en cuando, vas a encontrar en este blog.

Es curioso cómo hay quien se extraña de que, ganándome la vida como profesor de las áreas de ciencias en las enseñanzas medias, tenga una vena de narrador irredento y me dé por idear un sinfín de historias y ponerlas por escrito, como si el hecho de tener imaginación fuera algo prohibido según qué estudios hayas escogido en la vida o qué influencias hayas tenido. En mi caso, tengo una excelente referencia en mi querido Isaac Asimov, pero la sugerencia no deja de ser, como mínimo, inquietante.

Este hecho, junto con un bloqueo creativo que he tenido esta misma semana, es lo que me lleva a reflexionar hoy acerca de los enemigos de la creatividad, que a mí me gusta visualizar como los Hombres Grises de Momo, el inmortal libro de Michael Ende

En primer lugar, los Hombres Grises se alimentan del tiempo. Del de los demás, se entiende. Así, el estrés por llegar a todo y a todos, por complacer a los demás o por intentar no perder puntada de lo que ocurre, termina matando la creatividad al robar emplear el valioso tiempo en fines ajenos. Puedo asegurar que una de las causas de que haya estado más seco que la mojama en cuanto a creatividad se refiere, se debe a esas carreras por cumplir plazos de entrega y por quedar bien con todo el mundo.

Resultado: Hombres Grises 1; Escritor, 0.

Después viene el dinero, el vil metal. Los Hombres Grises viven para consumir y para que se consuma lo que se produce, lo que convierte a las personas en meras máquinas a su servicio, unas máquinas muy bien engrasadas y, naturalmente, de color gris. Una vez más, ajustar las cuentas de mi empresa de publicación de libros (¡Albaranes! ¡Valorados y sin valorar! ¡Facturas completas o incompletas, qué mas da! ¡Formularios! ¡Vamos, vamos! ¡Que me las quitan de las manos, oiga!) ha consumido mis esfuerzos físicos y mentales de la semana, con el resultado de no teclear más que unas pocas líneas por día.

Resultado: Hombres Grises, 2; Escritor, 0.

Por último, los Hombres Grises se preocupan de que todo sea...gris. Cuando las cosas no tienen color ninguno, es cuando el esfuerzo por luchar se debilita. La propia sociedad, asentada en el pragmatismo del hombre moderno, vive y respira en ese aire viciado y gris. Aquí es cuando entra en juego el conocido que te pregunta «¿Y de verdad te merece la pena tanto esfuerzo?», justo en el momento adecuado para que el peso de la magnitud de la tarea te caiga encima como una losa muy pesada y, por supuesto, gris. Sin embargo...

Sin embargo, aquí es donde también entran en el terreno de juego esos amigos, que, al igual que los del anfiteatro de Momo, acuden prestos a barrer todas esas tinieblas y aportar la luz que arrancará de nuevo los colores a casas y paisajes. Sin ellos, esta aventura sería un duelo contra gigantes, una tragedia de dimensiones cósmicas o una comedia de dudoso gusto. Son esos amigos los que acudirán al rescate y abrirán las puertas que otros cerraron a cal y canto. Son los que salen al campo y lo dan todo por la misma razón que los niños juegan al fútbol en el patio del colegio: porque les gusta y les divierte.

Ayer se empezaban a vender, tímidamente, los primeros ejemplares de Hijos de la Destrucción en una librería logroñesa (Librería Moria) especializada en juegos de rol y de tablero, y en toda la parafernalia que los rodea. Hoy he tenido que ir a reponer las existencias porque se habían agotado. 


Minas de Moria tienda
He de decir que me considero muy afortunado por tener excelentes amigos y fans, que han esperado mis proyectos hasta la fecha con ilusión y ganas, amigos que han puesto los medios a su alcance para facilitar las cosas cuando todo parece venir torcido. Conocen las dificultades por las que se pasa cuando se está intentando hacer crecer un sueño a partir de la nada, porque a ellos también les ha ocurrido y, por desgracia, todavía les sigue ocurriendo. El libro no será un bestseller, ni siquiera estoy seguro de que eso es lo que deseo, pero hay muchas ganas de leerlo, de pasar sus páginas y entretenerse con las aventuras de sus protagonistas.

Ver esas ilusiones, y sobre todo, compartirlas, es el mayor premio que puede tener un creador de historias. Y de repente, como si nunca hubiera existido, el bloqueo desaparece.

Resultado: Hombres Grises, 2; Escritor, 5 ¡Toma ya!

Por una semana, ha experimentado los peores momentos y temores de cualquier empresario que se precie, he vivido el lado oscuro de la actividad económica y casi se me han llevado los Hombres Grises. Por suerte, tengo buenos aliados en esta lucha constante, el artista creativo vuelve a tomar el timón de mi vida y tengo un público al que le gusta lo que hago. En serio, ¿se puede pedir más?

Y ahora os dejo, que tengo que escribir.
Nos leemos.

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