sábado, 18 de marzo de 2017

Cuando llega la crítica

Head
Como persona pública que es, todo escritor debe enfrentarse, tarde o temprano, con la crítica hacia su obra. A fin de cuentas, hay que tener en cuenta que lo que se escribe queda fuera de nuestro control una vez queda publicado, tanto si es para bien como para mal. Es importante reconocer, en ese caso, que no somos los dueños de la verdad absoluta en ninguno de los campos acerca de los cuales escribimos, por muy «expertos» que se nos considere o nos consideremos nosotros mismos.

El ejercicio de la autocrítica, entendida esta como la revisión de nuestros escritos o nuestras conductas, es algo muy sano, no solo en el sentido que intenta abordar este artículo (algunos dirían reflexión), sino en todos los aspectos y esferas de influencia de nuestra vida diaria. Saber que no se sabe nada y que las verdades absolutas no suelen ser una cosa precisamente abundante, debería hacernos cuestionar, que no censurar, todo lo que decimos y expresamos delante de los demás.

Por otro lado, una crítica externa, bien entendida, puede aportarnos nuevos puntos de vista acerca de lo que hemos hecho y señalar nuestros errores, ya sean intencionados o no. Esto es lo que la convierte en una más que importante herramienta para crecer y evolucionar en nuestros respectivos ámbitos de influencia. Ese retorno de información es algo que hay que valorar en su justa medida para diferenciar una buena crítica de una mala.

Empecemos por las negativas. Ya hemos dicho que una crítica externa puede ayudarnos a ser conscientes de aquello que no pudimos o supimos ver en su momento. La sabiduría popular lo resume diciendo que «cuatro ojos ven más que dos», lo cual es un excelente ejemplo de las limitaciones de la percepción humana. Es necesario abandonar el propio punto de vista y tratar de ver el que se nos muestra, por muy desagradable que nos parezca, para tener una visión de conjunto más clara y enriquecedora. Eso mismo pondrá en evidencia nuestros errores, pero también nuestros aciertos, y abrirá las puertas a la corrección y al cambio. Reconocer los propios errores es algo interesante, a la vez que útil.

Lo que sí que tenemos que tener muy claro es que debemos huir de aquellas críticas destructivas, expresadas sin ningún tipo de respeto por individuos que buscan, más que ayudar, hacer daño de modo gratuito. A menudo, esas críticas dejan entrever problemas en la esfera personal, fácilmente deducibles por la agresividad de los comentarios, la radicalización de las posturas o la insistencia obsesiva en determinados argumentos. De estas personas se puede aprender más bien poco, aunque hay excepciones, por supuesto. En cualquier caso, rehuir los debates estériles, al igual que haríamos en la calle, suele ser una buena medida para evitar conflictos innecesarios, pero no debemos ignorarlos.

Así, algunas fuentes (Autorguía, Edición Libro Indie) recomiendan no borrar dichos comentarios porque eso sería considerado una muestra de censura y haría flaco favor a nuestra propia reputación personal, mientras que otras (Marketing de guerrilla) abogan por «dar de comer al trol» como medio de obtener un mayor tráfico recurrente a nuestro blog o página web. Eso dependerá de las ganas que tengamos de pelear, de nuestra capacidad de aguante moral o del tiempo del que dispongamos. Habrá que responder, desde luego, para evitar la sensación de que no se ha hecho nada, pero también para que no sea la única opinión que prevalezca. En algunos casos, esto será el detonante de una respuesta desmesurada, lo cual cerrará la puerta a más intervenciones, pues el mismo trol se pondrá en evidencia. En casos más graves se puede recurrir a medidas legales, ya que no todo es gratuito en internet.

En cuanto a las críticas positivas, una gestión inadecuada puede hacernos mucho daño, pues no debemos olvidar lo mismo que para las negativas, esto es, que nadie suele tener la verdad absoluta. Habrá que valorar su importancia y su veracidad, entendidas siempre como algo relativo, y no hacer autobombo ni vanagloriarse en público, pues eso diría mucho acerca de nuestra personalidad y nuestra autoestima, además de conducirnos a una imagen irreal de nuestra obra que podría perjudicarnos en el futuro. Eso sí, es importante agradecer a nuestro reseñador las molestias tomadas para hacernos dicha crítica, pues el tiempo es, sin duda, un valioso recurso para todos

Hasta aquí hemos llegado en el artículo de hoy. Tanto si las críticas son positivas si son como negativas, su gestión, que no la obsesión, debe convertirse en una prioridad para nosotros. Tomar conciencia de los errores señalados, no censurar y, sobre todo, establecer protocolos de moderación en nuestras propias webs debe ser una tarea de la máxima prioridad, a la vez que mantener la calma y mostrar siempre la adecuada educación pueden hacernos ganar muchos puntos en un medio tan dinámico como la red 2.0.

¡Hasta la semana que viene!

Nos leemos.


Imagen: Head, by Johnhain

sábado, 4 de marzo de 2017

¿Por qué el 4 de marzo es un día tan importante para nosotros?

dungeosn and Dragons original set

Para todos los que estamos metidos en este mundillo de los juegos de rol, hoy es el Día del Máster. Para los que no lo están, probablemente no signifique nada pero puede que sientas curiosidad por qué este día resulta tan importante en las comunidades nacidas al amparo de los dados y los dragones.

Tal día como hoy, fallecía el diseñador de juegos Gary Gygax, conocido por ser el padre de los juegos de rol tal y como los entendemos hoy, esto es, como pasatiempo interactivo. Los juegos de rol o psicodramas ya existían desde los años sesenta, pero este hombre supo ver el potencial que entrañaba su utilización en el mundo lúdico, aunque fuera de una manera bastante peculiar en sus inicios.

Los años del final de la década de los sesenta, y los setenta, fueron fecundos en muchas cosas, en especial en la manera de abordar cualquier asunto desde un punto de vista no tradicional. Se rechazaron las distracciones de tipo pasivo, como la televisión, y se empezaba a solicitar la participación del público en las representaciones teatrales, como una manera de darles algo de lo que carecían hasta la fecha: la interactividad con el propio espectáculo. Fueron años de muchas locuras, de hippies, de la guerra de Vietnam, de la psicodelia y de las revueltas estudiantiles, con sus intentos de luchar por lo imposible. De hecho, la pintada en París que decía «Frodo vive» habla de cómo estaban las cosas entre la que luego se denominó «generación de mayo del 68». También fueron años de experimentación psicológica, con el campo de la guerra fría y la amenaza del holocausto nuclear como telón de fondo, y de estudios antropológicos o la creación de las terapias de grupo.

chainmaill game

En medio de todo ese movimiento, más bien tirando hacia la primera mitad de la siguiente década, a los norteamericanos Gary Gygax y Jeff Perren se les ocurrió utilizar sus miniaturas de los wargames que las utilizaban para crear un juego nuevo, en el cual hubiera que jugar con una sola figurita y enfrentarse a diferentes retos. Bajo esta premisa surge Chainmail en 1971. El juego, todavía muy tosco, no tuvo el impacto que se esperaba en un principio, razón por la cual fue descatalogado bastante pronto.

Sin embargo, los primeros pasos ya habían sido dados. más tarde, en 1974 y con la ayuda de Dave Arneson, el juego evolucionó de una manera que marcaría un antes y un después en la historia de los juegos de mesa. Se personalizaron los personajes del Chainmail y se diseñaron reglas de juego para poder recorrer una serie de oscuros laberintos, bautizados como Dungeons y habitados por toda una pléyade de criaturas fantásticas y repletos de tesoros. El juego hacía referencia a la fantasía medieval más pura, con claras raíces tolkienianas, así como al hecho de explorar dichos laberintos, razón por la que fue bautizado como Dungeons&Dragons.

En España el juego llegó un poco más tarde, de la mano de la desaparecida Dalmau Ediciones, la cual tan solo publicó el manual básico en su proverbial caja roja, tal y como se había hecho en la edición americana, cuya ilustración de portada se convertiría, con el tiempo, en una imagen de culto en todo el mundo. Por desgracia, el tirón del juego en España fue escaso, quizá debido a la novedad, así que el juego dejó de editarse tras esa primera edición, en la cual los personajes podían llegar hasta el nivel tres, pero en la que se anunciaban futuras expansiones de los reglamentos que fueron relegadas al olvido en la lengua de Cervantes.

Aún así, las semillas habían sido plantadas y los aficionados de la época se las ingeniaron para hacerse con los manuales en inglés, francés o alemán, y seguir con el camino que habían encontrado para pasar juntos las tardes y las noches de ocio. No sería hasta los noventa que el viejo Dungeons&Dragons volvería a ser editado en nuestro país, coincidiendo con el periodo dorado del rol en España, una etapa que los más viejos del lugar (entre los que me incluyo) tendemos a idealizar pero que, sin lugar a dudas, dio una de las mayores explosiones creativas en cuanto a novelas y juegos de mesa, tablero y rol de los últimos treinta años.

roleplaying gamers

Por tanto, querido lector que has nacido en el mundo de internet y de la telefonía móvil, cuando veas a un vejete como yo disfrutar de cosas sencillas como un grupo de amigos alrededor de una mesa, con unas hojas de papel y un montón de dados extraños, recuerda que hubo un tiempo en el que no todo era tan sencillo y que hubo muchas dificultades que superar (incluso nos llamaron asesinos) en un país que no ve con buenos ojos las innovaciones que lo sacan del amodorramiento. Acuérdate de estas palabras cuando juegues a World of Warcraft o veas Juego de Tronos, porque no todo fue tan sencillo hace no demasiado tiempo.

drakkar

Y ahora, queridos lectores, me voy a jugar una partida con mis amigos. Hoy compartiremos una aventura de vikingos del año ochocientos, con toques de aventura y de historia real a partes iguales. Hemos desembarcado en la costa de lo que luego se llamará Escocia, para ayudar a los scotos a combatir a las hordas de feroces pictos. La última sesión lo dejamos tras desembarcar y dejar tirados en la playa a un tercio de nuestros compañeros, muchos de los cuales seguro que ya están disfrutando del banquete de Odín, esperando la llegada del Ragnarok, la guerra del fin del mundo. Los dioses tejieron la madeja de la vida hace ya mucho tiempo, así que la suerte está echada.
¿A que mola? Quizá deberías probarlo, quién sabe...


¡Feliz día del máster!

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