domingo, 9 de abril de 2017

Los miedos del escritor

Dune, caja del dolor
Te sientas delante del papel o del ordenador, dispuesto a comerte el mundo con tus palabras y, de repente, no surge nada de nada. O imagínate que te encuentras preparando una excelente historia pero hay algo que te bloquea y te hace sentir que las ideas, que antes te habían parecido tan estupendas, ahora dejen de serlo.

Las musas son la personificación de lo que vulgarmente denominamos inspiración, que no es más que la parte más misteriosa del largo conjunto de procesos conocido como creatividad. En anteriores artículos, ya hablamos de las herramientas necesarias para cazar a tan esquivas damas (o señores, porque Stephen King afirma que el suyo es un «muso»). Bromas aparte, lo cierto es que el proceso creativo puede ser estimulado o inhibido por un buen montón de factores, tales como el estado de ánimo, la educación recibida, las propias expectativas o nuestra dependencia emocional de los demás.

El miedo es uno de los principales obstáculos para un proceso creativo. Es una de esas palancas que bloquea nuestra manera de pensar con libertad y nos atenaza hasta el punto de no desarrollar todas nuestras capacidades. El miedo se alimenta de la imaginación, y de esa vamos más que sobrados los escritores.

En primer lugar, tenemos miedo a no ser lo suficientemente buenos en nuestro trabajo. Es cierto que hay que intentar darlo todo, ya sea escribiendo un artículo para un blog, una reseña, un relato breve, una novela o un guion, pues no hacerlo sería contraproducente, pero para todo existen unos límites. Hay que ser realistas y asumir que no siempre vamos a dar en el blanco con nuestras palabras, ya que hay muchos factores que influyen en que las cosas no salgan como esperamos y, por otro lado, no hay que olvidar que en esto de la escritura solo unos pocos privilegiados llegan a la cumbre y se convierten en autores de culto. A nosotros nos toca estar en el medio, muchas veces tirando por lo bajo, y es muy posible que nos quedemos allí por mucho tiempo. Perder esta perspectiva de vista es aspirar al suplicio de Tántalo en más de un sentido.

En segundo, tenemos el miedo a lo que dirán otros acerca de nuestros escritos. De nuevo, aunque es necesario conocer qué opinan los demás acerca de lo que hacemos, esto no tiene que convertirse en una obsesión. Para cada argumento siempre habrá quien esté a favor, quien esté en contra y quien desee dar la lata por cubrir algunas carencias personales. Los comentarios y las críticas siempre deben ser aceptadas con la misma indiferencia que si no se tratara de nosotros, poniendo de ese modo una sana distancia que nos permita contemplar las cosas con cierta perspectiva. Lo escrito, escrito queda, y solo el paso del tiempo dirá si realmente merecía la pena el esfuerzo de disgustarse u obsesionarse por algo que quizá dentro de diez años hasta nos dé la risa al recordarlo.

Por último, y no es broma, hay quien le tiene miedo al éxito. De entre todas las paradojas que rodean al ser humano, esta es una de las más chocantes. Podemos llegar a tener miedo de que las cosas nos salgan bien. Una de las razones es una educación en la que no se haya incluido un buen desarrollo de la autoestima. La otra es el temor a despertar las envidias de algunas personas realmente frustradas, lo cual hará que dirijan sus envenenados dardos sobre nosotros o nuestra obra con la intención de hacernos daño. De nuevo, mantener la compostura y despersonalizar las cosas puede ayudarnos a superar ese temor y hacer que caminemos con seguridad. Si tuvimos éxito, algo bueno hicimos para lograrlo, así que no lo habremos hecho tan mal. Si llamamos la atención de quien no debíamos, tenemos que pensar que es la otra persona la que realmente tiene un problema y que, mientras sus actuaciones no rebasen los límites de lo legal, no deberíamos preocuparnos en exceso. En caso contrario, no hay que olvidar que existen herramientas legales para defendernos y que estamos en nuestro derecho de utilizarlas con toda la contundencia necesaria.

Como hemos visto, mantener una sana distancia entre lo que son las cosas y lo que parecen, es una de las claves para superar el miedo. Tener un concepto realista de nosotros mismos y de nuestras posibilidades, es otra. Ser felices con lo que hacemos, guste o no a los demás, es la tercera.

Hasta la semana que viene.


Si quieres saber más, sigue estos enlaces:

¿Cómo podemos vencer el miedo?

Cómo superar el miedo

Superar el miedo a través del miedo


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