sábado, 22 de julio de 2017

Consejos para sacarle todo el jugo a los encuentros literarios

Asistir a todo tipo de eventos literarios es una de las maneras de tomarle el pulso al panorama y ver quién y qué se mueve por ahí. Una de las principales citas de nuestro país, que va cobrando adeptos e importancia a medida que pasan los años, es el Festival Celsius de Avilés.

El año pasado estuve en Celsius por primera vez y aprendí un buen montón de lecciones de escritura de labios de autores de gran calado en el mundo de la fantasía y la ciencia ficción. Este año, con algo más de rodaje y con una mejor perspectiva de cómo están las cosas, he repetido la experiencia. La estancia no fue todo lo larga que debiera haber sido por motivos personales, pero los dos días que anduve por allí han sido bien empleados. En Celsius tiene cabida todo lo imaginable, desde las opiniones de las «vacas sagradas» a las de los nuevos talentos, de modo que es uno de los escaparates obligados para conocer lo último publicado en cuestión de fantasía, terror y ciencia ficción.

Sin embargo, la experiencia de asistir a un evento de estas características siempre es un arma de doble filo. Por una parte, es uno de esos sitios donde hay que estar para conocer a gente muy interesante y para poner caras y voces a esos perfiles que solo conoces a través de internet. No es ninguna tontería ser conscientes de que detrás de los avatares y los textos hay seres humanos con sus virtudes, defectos y sueños. Por otro lado, también es el lugar donde se ejercitan la autocrítica y la humildad, puesto que, citando al maestro Qui-Gon Jinn, «siempre hay un pez más grande». Es bueno saber cuándo agachar la cabeza ante los que llegaron más lejos, ya sea en cantidad de ventas, en calidad de escritura o en cualquier otra faceta que estimemos relevante como, por ejemplo, la popularidad.

Ocho consejos para sacarle todo el jugo a los eventos

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1) Informarnos bien: puede parecer una tontería, pero hay personas que acuden a estos sitios con unas expectativas que luego resultan no ser ciertas. Una de las tareas más importantes, aunque suene ridículo, es enterarnos de qué se hace en ese evento para no llevarnos decepciones cuando la realidad supere a la idea que llevábamos en la cabeza. Muchos meses antes de la realización del evento, las propias organizaciones ponen toda la información en sus páginas web, así que conviene investigar primero qué es lo que ofrecen y si se corresponde con lo que deseamos encontrar.

2) Reservar con tiempo: no hay nada más frustrante que pretender acudir a un evento y no poder hacerlo porque no hay plazas disponibles. Si el aforo es limitado, suelen existir cosas como la preinscripción, por lo cual no es mala idea hacerlo para no andar luego agobiados. Por otro lado, algunos de estos «saraos» tienen una afluencia masiva y no se organizan, precisamente, en localidades grandes. La búsqueda y reserva de alojamiento debería hacerse con toda la antelación posible, ya sea en un hotel, pensión, camping o alojamiento compartido. Si el evento goza de cierta trayectoria, suele haber una gran oferta de alquileres a precios más o menos económicos por parte de la población local.

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3) Organizar una hoja de ruta: como en unas vacaciones, conviene tener una copia del horario antes de acudir, aunque sea un borrador, para seleccionar qué actividades nos interesan y trazar una hoja de ruta. También hay que estar dispuesto a hacer sacrificios en caso de que coincidan en el tiempo varias actividades en la que estuviéramos interesados. Analizar los pros y los contras de unas y otras es una buena manera de facilitar la elección.

4) Observarlo todo con curiosidad: en este tipo de encuentros hay mucha información disponible, así que conviene ir con los ojos y oídos bien abiertos para captar todo aquello que vaya a servirnos en un futuro. La actitud correcta es la de no dar las cosas por sentado ni creer que no tenemos nada que aprender. Siempre hay algo interesante en las ponencias o en los stands y la visión de otras personas acerca de ciertos temas puede enriquecer nuestros propios puntos de vista. Por otro lado, la comunicación suele establecerse en ambas direcciones, de modo que también podemos aportar nuestras ideas en los contextos adecuados, tales como mesas redondas.
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5) Gastar dinero: las jornadas son como las antiguas ferias de ganado o los mercados tradicionales, donde los comerciantes mostraban sus novedades de una temporada a la otra, enriqueciendo de ese modo las técnicas de elaboración o dando salida a las mercancías que se ponían en circulación. Si podemos permitírnoslo, compremos algo interesante. Por una parte, tendremos una visión de primera mano del producto (ya se trate de libros, manuales, juegos de mesa, merchandising o servicios), mientras que por la otra estaremos haciendo una importante labor de apoyo económico, tanto para los autores nuevos como para los productos que acaban de salir al mercado. La primera fase de cualquier proyecto es la más delicada y la más costosa, de modo que una ayuda siempre es bien recibida. A cambio, si somos hábiles, podremos obtener valiosos contactos de cara al futuro.

6) Conocer personas: una convención es eso, un encuentro de personas. Ya sabemos lo difícil que resulta el trato diario con nuestros semejantes, pero aquí no venimos a encontrar el amor de nuestra vida ni a hacer amiguitos para siempre. Hemos llegado a la convención para darnos a conocer y para tratar con personas que tienen, más o menos, nuestros mismos intereses. Lo de la amistad, como en otras esferas de nuestra vida social, no debería ser nuestra principal motivación. Si hemos venido acompañados o en un grupo de amigos, tendríamos que reservar un tiempo para tratar con otras personas y abrirnos al mundo exterior. La hora de la comida o el tentempié suele ser un tiempo ideal para abordar ciertos temas o para intercambiar impresiones, así que merece la pena hacer el esfuerzo si se da la ocasión. Pararse a hablar con otras personas, interesarse por su labor y saludar sin ser pesados son cosas que conviene hacer en unas jornadas.
Francisco Tapia-Fuentes Mundos Fantásticos en Celsius

7) Dejar huella: después de nuestro encuentro, deberíamos dejarle al otro algo para que más tarde nos recuerde. Normalmente, con una tarjeta de visita presentable debería bastar. En algunos casos, estos inocentes cartoncitos terminan perdidos o en la basura, pero en otros son una herramienta muy potente para que nuestro interlocutor se interese por lo que hacemos. Lo mismo se aplica al posible merchandising que estemos dispuestos a regalar, tales como marcapáginas dedicados, muestras de nuestros libros o incluso ejemplares completos. A los seres humanos nos encanta manipular cosas, de modo que ser creativo en este aspecto suele dar buenos resultados.

8) Disfrutar: por último, recordemos que hemos venido a disfrutar y tomemos los desplantes y las frustraciones como algo pasajero e inevitable. No hay nada peor que recordar un evento por las cuatro cosas que nos salieron mal. Esto no nos hará ningún bien y nos condicionará de cara futuras citas. Tener la mente abierta y una actitud constructiva serán nuestros escudos en caso de que las cosas no vayan como esperábamos, al tiempo que aumentarán nuestras probabilidades de establecer contactos, lo cual no es nada desdeñable.


Espero que estos consejos puedan serle útiles a aquellos que quieran acudir a un encuentro literario con una mentalidad emprendedora. Con ligeras modificaciones, estas pautas también pueden ser aplicadas a otro tipo de eventos, como pueden ser una campus party o unas jornadas de juegos de rol. A estas últimas, quizá dediquemos más adelante un artículo, por tratarse de un tipo de encuentros con su propia manera de ser.

Hasta la semana que viene. Nos leemos.

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