lunes, 14 de agosto de 2017

Cinco maneras de escribir en cualquier parte

pc y cerveza, by Francisco Tapia

En este fin de semana, en el que media España está de puente y la otra media de vacaciones, no he podido resistirme a subir otro artículo veraniego y molón, de esos que seguro que no lee nadie porque está tumbado en la playa tostándose como una chuleta conquense o perdiendo el tiempo en kilómetros y kilómetros de interminable caravana, con el soñado destino de vacaciones a la vista, pero sin poder llegar a él.

Hoy voy a hablaros de lo que ocurre cuando uno es un escritor compulsivo y quiere aprovechar su tiempo (o su talento, suponiendo que lo tenga) al máximo.

Cinco maneras de escribir en cualquier parte


1) La libreta: parece una tontería, pero llevar una libreta a todas partes puede ser la solución a muchos de esos problemas que tenemos los escritores cuando somos asaltados por una idea en el momento menos oportuno. Si estamos manejando maquinaria pesada, eso puede ser un problema, pero en la mayoría de los casos no tiene más consecuencias que el andar un poco despistado.
No tiene por qué ser un cuaderno de tapas repujadas, como si fuera el diario personal de Dumbledore, o el grimorio de Saruman. No. Basta con que sea una libretita pequeña y molona, de esas que caben en el bolsillo de una camisa. No me mires así, que seguro que tu móvil ocupa mucho más que eso...

2) El móvil: si la idea de escribir en una libretita no te llama demasiado, entonces ¡utiliza el móvil! Yo odio escribir en el minúsculo teclado de un smartphone, especialmente cuando el corrector se pone tonto, pero siempre hay otras opciones como Evernote y su sistema de escritura por voz (bueno, este falla mucho, especialmente si eres de los que farfullan). Por desgracia, el móvil está para lo que está, aunque todavía le puedes sacar una utilidad si dejas constancia de las ideas principales para ir desarrollándolas más tarde con paciencia. Puede que no escribas Los jardines de la luna, pero seguro que puedes tomar cuatro notas miserables y convertirlas en magia cuando tengas algo más de tiempo y espacio para hacerlo.

3) La tablet: el hermanito mayor del smartphone también es algo muy útil. Una vez más, no se trata de un medio para escribir largas parrafadas, excepto si le pones un tecladito de esos tan monos, pero siempre es mejor que escribir en una pantalla de 4 pulgadas. Lo bueno de las tabletas es que caben en casi cualquier sitio y que cada vez son más ligeras, aparte de que prácticamente se pueden encontrar gangas en las tiendas de segunda mano, donde por cuatro duros (sí, soy de los setenta y pienso en duros y en pesetas) puedes tener un aparatito que te sirva para escribir tus cosas y volcarlas luego en un ordenador o en un disco duro.

4) El portátil: esta es la opción que utilizo yo, junto con una libretita, para escribir largas parrafadas o artículos como este. Vaya donde vaya, me acompaña mi simbionte con forma de mochila para portátiles. Es un modelo ligero, hecho en Francia y con refuerzos de nylon balístico (no sé por qué, pero eso parece que lo hace más molón o algo así), lo que garantiza que pueda proteger a mi pequeñín (un modelo baratito, de esos para escribir emails y poco más) en cualquier lugar donde vaya. Y «cualquier lugar» implica eso, cualquier sitio donde pueda plantar el trasto y dedicarme a escribir lo que me dé la gana, que para eso lo tengo. La ventaja del ordenador es que puedes llevarte toda tu oficina contigo, lo que implica disponer de todos tus borradores para echarles un ojo y de todas tus herramientas para hacer con ellas lo que te venga en gana.

5) Medidas improvisadas: si no tienes ninguna de las anteriores, siempre puedes utilizar aquello que tengas a mano. Puede que sean las servilletas de un bar (cuenta la leyenda que Mark Evanier esbozaba sus guiones para Groo en servilletas mientras discutía los detalles con Sergio Aragonés), los manteles de papel del chiringuito, pañuelitos o el dorso de un folleto informativo, pero el caso es tener algo donde escribir cuatro cosas antes de que se las lleve el viento. Por cierto, el récord de la improvisación lo he visto en alguien que escribía en las hojitas de propaganda que le dejaban en el limpiaparabrisas del coche, especialmente porque suelen ser hojas tamaño cuartilla (o media cuartilla) impresas por una sola cara y porque puedes hacerte con unas cuantas con solo recorrer la acera de la calle.


¿Qué método es mejor? 

Bueno, la respuesta es que el método depende mucho del lugar donde vayas a escribir. Stephen King empezó escribiendo en una mesita plegable al lado de la lavadora, así que todo es posible en este oficio. Si eres de los que escriben en la playa, te recomiendo que utilices una libreta porque la arena y el sol no suelen sentarles nada bien a los cachivaches electrónicos. En cambio, si dispones de un lugar más estable o más limpio, siempre puedes utilizar cualquiera de los métodos «de alta tecnología» que hemos visto antes, siempre y cuando no te resulte un engorro cargar con ellos.

En cualquier caso, tan solo queda recordar que el medio solo es eso, un medio, y que la originalidad y frescura de nuestras historias sale de fuentes más ocultas, que en el fondo son independientes de qué utilicemos para escribir, ya sea papel, pergamino o tablillas de arcilla secada al sol.

Sed creativos. Aprovechad el veranito.
Nos leemos.



Imagen: Pc y cerveza, by Francisco Tapia-Fuentes

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