domingo, 27 de agosto de 2017

Técnicas de narración: morir con estilo

Cementerio abandonado

La muerte de un personaje, ya sea protagonista o no, es algo que puede ocurrir a lo largo de una historia. Dada la gravedad e irreversibilidad de la muerte en la mayoría de las ambientaciones de fantasía, es un momento importante para que el narrador demuestre sus habilidades y pueda comunicar a su público, no solo el relato de unos hechos, sino transmitirle toda una serie de imágenes y sensaciones que jueguen con lo más profundo de nuestro ser, que son las emociones. Muchas veces, la diferencia entre un buen narrador y uno malo radica en cómo de bien ha sabido mantener ese grado de empatía con su público, ya sea en una novela, una película o alrededor de una mesa de juego.

Como en otra ocasión ya hablamos acerca de las formas de no matar a un personaje, ahora voy a centrarme en las

Formas de morir con estilo


1) Tonta: si hablamos de ficción, esta es una de las maneras menos elegantes de deshacerse de un personaje. Por otro lado, es bastante común en la vida cotidiana. En el mundo real, existen muchas posibilidades de palmarla estando en casita y, según algunos estudios, los accidentes domésticos son la cuarta causa de muerte en la EU, por encima de las enfermedades cardiovasculares. Ten en cuenta que una muerte influirá en el respeto que tu público le tendrá al personaje que la ha diñado. Que un personaje de ficción muera, por ejemplo, pisando una piel de plátano, no es interesante. A menos, por supuesto, que estemos escribiendo una comedia, donde sin duda este tipo de muertes es un filón. Y si no, que se lo digan a Guy Ritchie.

2) En seco: aunque las muertes tontas pueden ser rápidas, aquí nos referimos a aquellas que ocurren de modo súbito, inesperado para nuestro público y de una forma relativamente limpia. Esto último es importante, ya que se trata de una eliminación tan brusca que supone un punto y aparte en la narración. Si el que la sufre es el «malote» de turno, el efecto para el público es el de una catarsis, ya que se produce una liberación de la amenaza que suponía para los protagonistas o para sus fines. Por otro lado, si el que la sufre es uno de los protagonistas (o uno de sus amigos), equivale a sacudir un mazazo en la conciencia de nuestra audiencia. Para remarcar este efecto e indicar el choque emocional que sufren los demás personajes, algunas técnicas adecuadas son detener la imagen un segundo, mostrar primeros planos de las caras o terminar el párrafo descriptivo en ese momento. Lo importante es que no se muestre nada sangriento ni nos recreemos en los detalles. Este tipo de escenas son comunes en el cine norteamericano de los años treinta, acompañadas de la música adecuada y el rápido fundido en negro.

3) Lenta: este tipo de muertes trata de trasladar al público el sufrimiento del personaje que está muriendo para despertar la empatía, así que lo habitual es utilizarla para eliminar personajes protagonistas. La causa puede ser una larga enfermedad (como en La dama de las camelias, en la que la protagonista termina muriendo de tuberculosis), por el sufrimiento inducido por terceros (una tortura) o por un accidente. En todos los casos, se trata de hacer sentir mal al público para despertar en él las emociones con respecto a la fragilidad de la vida, el destino o cualquier otra cosa que le haga plantearse los cimientos de sus creencias. Dado lo difícil de manejar de este tipo de situaciones, yo lo recomendaría solo si sabemos muy bien encauzar luego las cosas, para que su potencial dramático no se desperdicie.

4) Sucia: al contrario de la que he denominado como «En seco», la muerte sucia viene acompañada de un montón de casquería y sangre por todos lados. Aquí lo que se busca es el impacto visual, el asco, por encima de todo. Su misión es recurrir a nuestros temores más irracionales (sangre, vísceras, color rojo), así que es muy útil para impresionar a nuestro publico, siempre que se utilice en la justa medida. Hay que decir que el cine y la literatura están abusando de esta modalidad de un modo alarmante en los últimos tiempos, con lo que terminan logrando el efecto contrario al que se estaba buscando. Imprescindible si hablamos de zombis y similares. Prescindible en el resto.

5) Con despedida: este tipo de muerte suele acontecerles más a los personajes protagonistas que a los villanos de las historias, ya que la carga emocional es bastante intensa. Se puede emplear cuando queremos centrar la acción no en el que muere, sino en el personaje que es testigo de la muerte. A menudo, la fórmula más empleada consiste en mostrar un personaje tumbado que cierra los ojos, no sin antes haber dedicado algunas palabras a los que se quedan. Después, su rostro se suaviza, como si se hubiera quitado de encima el peso de la vida, mientras que los que permanecen vivos deben seguir su camino, a menudo recordando esas últimas voluntades o esas últimas palabras. Ideal, tanto para marcar el final de una obra como para el principio, puesto que da un nuevo impulso al argumento narrativo, ya que el público quiere saber qué va a ocurrir con los supervivientes.

6) Altruista: el personaje protagonista da la vida por salvar a otros o en defensa de una causa. A menudo, este tipo de muertes glorifica al personaje. La carga ideológica es bastante alta, en especial en la cultura europea, modelada por el cristianismo durante dos mil años. Ha sido utilizada hasta la saciedad por los gobiernos de muchos países en sus propagandas políticas (por ejemplo, cualquier película de la segunda guerra mundial de los años cuarenta y cincuenta), así que hay que manejarla con mucho cuidado para que no nos resulte demasiado manida. Bien empleada, este tipo de muertes eleva la moral del público, el cual da un sentido a la muerte del protagonista y lo absuelve de otras faltas que hubiera cometido con anterioridad.

7) Gloriosa: muy utilizada en la literatura de fantasía, esta muerte hunde sus raíces en los protagonistas de las sagas míticas de culturas como la griega o la vikinga. Puede ocurrir a la vez que la muerte altruista, pero no tiene por qué hacerlo. Es perfectamente viable una gesta que no proporcione más gusto que el de haber llevado a cabo una hazaña única, que será recordada y cantada por bardos y escaldos durante vidas enteras. El objetivo es la glorificación del individuo por sus logros, que de ese modo entra en la leyenda y servirá para servir de ejemplo a otros o para fomentar la superación de dicha gesta con otra de mayor calibre.

8) Aceptada: en este tipo de muerte, el que va a morir acepta su destino con serenidad, ya sea por un marcado fatalismo como por la inmolación ante un bien superior. A menudo es una escena solemne y de ritmo lento, centrada en las reflexiones del personaje ante su propio fin. Es un momento para dar cumplimiento a profecías, así como para exponer las causas que han llevado a tal desenlace. En cierto modo, es una especie de suicidio consentido, tanto por el que muere como por el que lo presencia, y viene muy influida por la cultura (japón feudal, por ejemplo) y el contexto (una situación límite como una guerra o un desastre). Como variante, si el que muere es uno de los villanos, se termina dando una imagen de dignidad, como una especie de «pacto entre caballeros» del autor con su publico.

Y hasta aquí hemos llegado esta semana. Puede haber diferentes tipos de muerte en nuestras tramas o en las partidas de rol, pero más o menos suelen ser variantes de las que hemos mostrado. En la mesa de juego, en especial si el reglamento es demasiado aleatorio, pueden ocurrir muchas situaciones que conduzcan a la muerte de los personajes y sobre las que no tenemos más control que el que podamos ejercer con nuestra narración. Es por eso que insistimos tanto en que merece la pena desarrollar las dotes narrativas hasta donde lleguen nuestras posibilidades, aun a sabiendas de que nunca va a llover a gusto de todos, para poder sacar todo el jugo a cada una de estas posibilidades.

Hasta la semana que viene.

Nos leemos...




Imagen: Cementerio, by Elmenda

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