sábado, 7 de octubre de 2017

La senda del escritor: cuatro principios zen para el arte de la escritura

Arqueros tradicionales japoneses.

A menudo me encuentro en la tesitura de tener que explicar a mis alumnos cómo abordar determinados temas, tales como el éxito en los estudios o el emprendimiento de tareas que nunca han hecho. La escritura es una de esas cosas que también requieren de cierto grado de orientación y, como sé que bastantes de mis seguidores son (sois) mis alumnos, he decidido dejar por escrito (nunca mejor dicho) algunos consejos para guiar a todo el que quiera por las misteriosas aguas de la creación de historias.

En primer lugar, vamos a partir de que escribir es un arte y que, como todos los artes, requiere de una actitud adecuada, en especial si queremos que deje de ser un hobby y se convierta en algo más serio. Vivimos unos tiempos extraños, en los que todo viene envasado y se sirve de modo inmediato, sin esfuerzo. Esta «cultura del precocinado» es la que hace que muchos piensen que crear historias es algo de «calentar y servir», cuando en realidad se trata de un proceso mucho más complejo.

CUATRO PRINCIPIOS ZEN PARA EL ARTE DE LA ESCRITURA


1) Paciencia: el dominio de cualquier arte requiere de grandes dosis de paciencia, tanto con nosotros mismos como con los demás. En una época en la que se busca el beneficio rápido y la satisfacción inmediata, la paciencia es la gran perdedora. Aprender un idioma sin esfuerzo, adelgazar sin esfuerzo o aprobar sin estudiar, empiezan a ser cantinelas demasiado sabidas en una sociedad blanda y hedonista, un símbolo que acompaña a la decadencia de las civilizaciones. La paciencia es lo que hace que aprendamos a dejar para después las recompensas, en espera de ver, algún día, los frutos de nuestro trabajo. Un escritor debe ser paciente, escribir sin descanso y no debería albergar la idea de ver frutos de su labor de un modo inmediato. Debes estar preparado para la idea de que puede que nunca llegues a verlos y, aun así, trabajar como si todo eso fuera posible.

2) Concentración: la segunda gran perdedora en el ranking de popularidad social es la concentración. Vivimos en un mundo multitarea, en el que los estímulos externos son lo fundamental, en lugar de lo interior. Un escritor debe ser capaz de ignorar todo ese exceso de estímulos y sumergirse en su riqueza interior, pues es de allí desde donde vendrán todas las ideas y la inspiración. El desarrollo de esa capacidad de abstracción, de proceso interno, es básico para crear historias y personajes genuinos, pues la inspiración no va a proceder de ningún otro lugar que no sea el de sus propias experiencias y vivencias. Eso no significa que tengamos que encerrarnos para escribir, sino que debemos tener cierto grado de introspección, incluso cuando estamos con otras personas o entre el bullicio que llena nuestro día a día. Al igual que una persona que aprende a montar en bicicleta debe estar atenta a lo que hace, todas nuestras acciones deberían estar pendientes de la tarea que estemos haciendo. Con el tiempo, aprenderemos a montar en bicicleta y a disfrutar del paisaje al mismo tiempo, pero solo cuando hayamos automatizado parte del proceso.

3) Disciplina: es muy complicado alcanzar nuestros objetivos si no somos disciplinados. Al igual que un deportista de élite debe renunciar a determinadas cosas para llegar a lo más alto, el artista o el escritor deben ser capaces de renunciar a muchas cosas que le gustaría hacer para cumplir con sus objetivos, que no con sus sueños. En ese caminar hacia la meta, habrá que practicar todos los días, escribir mil palabras para luego tacharlas y regresar, una y otra vez, al punto de partida sin más beneficio que la seguridad de que caminamos hacia algún lado. Solo así se llega al refinamiento de la técnica, como el herrero que, golpe a golpe, templa el acero en una forja.

4) Interés / preocupación: una vez que nos hemos fijado unos objetivos, toda nuestra vida debería girar en torno a ese eje que hemos creado. Si somos escritores, tenemos que serlo siempre. Esto implica estar atentos a todos los cambios que surjan en nuestra manera de escribir, así como a tener la actitud de aprendizaje adecuada, que es la que garantiza la capacidad de evolucionar y crecer. También deberíamos estar interesados en aprender cosas nuevas y en la mejora continua. Lo que no se recicla, se estanca. lo que no se entrena, se pierde.

Podrían decirse todavía muchas más cosas acerca del arte de escribir, así como del dominio de otras artes, pero eso también iría en contra de los principios del zen. Yo solo te he puesto en camino. Tú debes recorrerlo. Creo que basta con las pinceladas que he dado aquí para estimular tu reflexión. Espero que te haya servido para ser mejor escritor y mejor persona, cosa que no siempre sucede a la vez.

Si estás interesado en profundizar en el tema, aquí te dejo una referencia que seguro que no te decepciona:



Hasta la semana que viene.
Nos leemos.



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Imagen: Kyudo, or the way of archery (Fuente: wikipedia)

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