21 de mayo de 2016

Técnicas de rol: Cómo tratar los espacios en blanco

Hobbits at «The prancing poney»

«La puerta de la posada se abre y por ella entra un grupo de aventureros en busca de un poco de calor tras una larga jornada de viaje. Los caminos están embarrados, llueve a cántaros y lo único que desean es una cena caliente y algo de tranquilidad. El posadero, un tipo gordo con un trapo que parece ensuciar más que limpiar, se dirige a los recién llegados y les ofrece asiento en una mesa cercana al fuego. Algunas caras se vuelven para echarles un vistazo rápido pero, una vez saciada su curiosidad, vuelven a ocuparse de sus asuntos. Los aventureros se relajan y se sientan, a la espera de que llegue su cena y entonces alguien inicia una conversación mientras esperan a que llegue el gordo posadero con sus deseadas viandas.»

Los jugadores, que no los personajes, acaban de llegar a un «espacio en blanco».

Un espacio en blanco es una situación en la cual el director no desarrolla una parte relevante de la trama y que, por tanto, no está en el guión. Es un tiempo muerto, en el cual la aventura no avanza y en la que no tenemos una guía clara acerca de lo que hay que hacer a continuación. Es, en definitiva, un rato de tiempo libre para los personajes y, al igual que en la vida real, hay personas que no saben qué hacer con el tiempo libre, excepto quizá matarlo.

Los espacios en blanco pueden crearse sin quererlo el director o con toda la intención del mundo. En el primer caso, se producen de manera natural cuando el grupo de aventureros llega a un interludio, normalmente entre dos actos de una misión. En el segundo, es el propio director el que fuerza dicha situación para dar un poco de libertad a sus jugadores.

Ambas situaciones no son nada aconsejables para directores noveles, pues se precisa de un grado de habilidad que no poseen todavía y deberían evitarlos dentro de lo posible. Por el contrario, si el director tiene suficiente experiencia en este estilo de juego narrativo, el espacio en blanco se convierte una de las mayores experiencias de inmersión que podemos ofrecer a nuestros jugadores. Es muy importante en este sentido cuidar todos los detalles que favorezcan la inmersión y de los que hemos hablado en anteriores artículos, tales como la música y la iluminación adecuadas.

Grupo de personajes de World of Warcraft alrededor de una mesa.
En un espacio en blanco o intermisión, los jugadores hacen hablar a sus personajes del modo en el que ellos lo harían, buscando con ello la comunicación directa con el resto. Es un momento para que expresen sus sentimientos (ficticios, que son de personajes), sus metas o sus opiniones al respecto de lo que están viviendo en sus vidas. La cosa puede ir desde decidir qué van a pedir de cena a qué rumbo van a tomar sus vidas desde ese punto, pasando por la elección de los lugares a los que van a dirigirse al día siguiente o la toma de contacto con otros compañeros para conocerlos mejor. La regla de oro en estos casos es que el director no diga ni haga nada. De hecho, esto funciona incluso sin director de juego si los jugadores son experimentados.

Como jugador y como director de juego, tengo en gran estima a los espacios en blanco y, he de admitir que suele ser un rato que mis jugadores suelen apreciar bastante. Procuro aprovecharlos tanto como sea posible, ya sea desde un lado u otro de la pantalla, pues considero que son la mejor oportunidad que tenemos para sumergirnos de lleno en la historia y en la ambientación, así como para dar solidez a los propios personajes. Sin esa vida que insuflamos en ellos, no serían más que un conjunto de datos en una ficha. Serían, por tanto, unos personajes planos, carentes de profundidad o trascendencia.

En narrativa, un buen escritor debe saber cómo estructurar los diálogos para poder dar al lector algo de información sin tener que contárselo directamente. De otro modo, se produciría una ruptura de la inmersión en la aventura, una falla en la credibilidad de nuestro universo de juego. En una partida de tipo narrativo esto adquiere una nueva dimensión. Aquí cada jugador se convierte por unos instantes en un pequeño narrador y ofrece a los demás jugadores valiosas pistas acerca de la historia y el carácter de su personaje, así como de sus sentimientos e intenciones, además de forjar alianzas y hallar enemigos.Evidentemente, para esto hace falta una buena provisión de facultades dramáticas, amén de una enorme capacidad de improvisación.

Si bien es cierto que hay situaciones en las que no es relevante la profundidad de los personajes (como en una situación de combate, por ejemplo), tarde o temprano deberemos cruzar esa última frontera si lo que deseamos es jugar a rol de verdad y ofrecer a los demás (y a nosotros mismos) el regalo de la interpretación.

Os animo a que lo intentéis, a que pongáis el alma y el corazón en lo que hacéis y descubriréis un mundo nuevo, lleno de posibilidades. Hasta la semana próxima.

Si quieres aprender más acerca de la interpretación de personajes, sigue estos enlaces:






Imágenes:
«The prancing poney», autor desconocido.
«Espadas de Ventormenta en el Ermitaño Taciturno» (Memorias de Azeroth)


12 de mayo de 2016

Rescate en Remsis VII, librojuego de ciencia ficción.


Tu nombre es Nic Stamos. Eres un mercenario, un aventurero que sobrevive realizando trabajos que otros no pueden o no quieren hacer por sí mismos. Por una conveniente retribución en créditos, tú eres la herramienta de trabajo de aquellos lo suficientemente adinerados como para necesitar de tus servicios. Ahora has sido contratado por un grupo de empresarios para que liberes a un contrabandista que ha caído en las manos de las patrulleras de la Federación de Sistemas. No es un trabajo sencillo pero para eso te han llamado a ti, ¿no?

El día que tanto esperaba, por fin ha llegado. Hoy se publica Rescate en Remsis VII, el primero de los episodios de La saga del Merc, disponible en la tienda de Amazon.

Se trata de una nueva serie de librojuegos, cuya acción transcurre en una ambientación de ciencia ficción que he ido desarrollando a lo largo de años. Es curioso que, lo que empezó como pequeñas anotaciones sueltas, poco a poco se fue concretando en descripciones más extensas (de las cuales han salido algunos de mis mejores guiones para partidas de rol), hasta cristalizar en un universo que bebe de las fuentes más clásicas, tales como Isaac Asimov y Orson Scott Card, por citar dos de ellos.

Aunque el propósito original de esta aventura era otro, con el tiempo fue creciendo y terminó teniendo entidad propia como relato, razón por la cual decidí publicarlo e iniciar así una serie de libros unidos por una temática común: las andanzas de Nic Stamos, un aventurero de la Federación de Sistemas Terraformados (FST), en un futuro muy lejano, en el cual la raza y culturas humanas forman parte de un universo muchísimo más amplio y del cual son los recién llegados.

El librojuego en sí es sencillo, con secciones numeradas a las cuales se accede mediante hipervínculos. Para superar determinados retos, el lector dispone de un sistema de juego, bautizado con el nombre de Sistema PD, el cual ha sido diseñado para facilitar la experiencia de lectura sin recurrir a complicados cálculos y, sobre todo, para garantizar dicha portabilidad. Por ello dispone de hojas de personaje personalizadas del tamaño de una tarjeta de crédito, ideales para llevar en el bolsillo de algunas fundas de libros electrónicos o en la cartera.

Todas las hojas de personaje (tres modelos, de momento) se pueden descargar desde esta misma página, aunque su uso no es imprescindible para disfrutar de la lectura de este librojuego en casi cualquier parte.

Para terminar, diremos que esto solo es un botón de muestra de todo lo que tengo reservado para el futuro y que, poco a poco, iré sacando. Detrás de Rescate en Remsis VII hay unos cuantos títulos más esperando ser pulidos y revisados, así como muchas otras cosas, tales como una web dedicada a la ambientación del juego.

Hasta entonces, seguiremos leyéndonos en esta página. Disfrutad de las aventuras de Nic Stamos.

Francisco Tapia, 12 de Mayo de 2016.


Imagen: Presentación de Rescate en Remsis VII, por Francisco Tapia.

8 de mayo de 2016

Cosas que he aprendido escribiendo ciencia ficción y fantasía

Panorámica de una ciudad de ciencia ficción

Es curioso pero, cuando decimos que nos dedicamos a la escritura de ciencia ficción y fantasía, parece que se crea alrededor de uno algún tipo de aura extraña que lo convierte en una persona con «demasiados pájaros en la cabeza» Y es que los seres humanos somos lo que hacemos, y cuanto más hacemos, más nos convertimos en eso que hacemos.

Escribir, ya sea un relato, una novela o un guión para uno de nuestros de juegos de rol es un arte que, poco a poco, va convirtiendo al que lo practica. Con el tiempo y con la práctica suficiente, arte y artista terminan siendo una sola cosa, algo que se mueve y respira de una manera peculiar y, por suerte para nosotros, única. En cierto modo, una vez que quedas atrapado por los cantos de sirena ya no tienes escapatoria. El género es como un par zapatillas que uno se calza para estar más cómodo y sentirse como en casa aunque esté lejos de ella. Podrás hacer variaciones en detalles mínimos, pero es muy complicado abandonar el género que te ha enamorado y del que podrás aprender un buen montón de cosas.

Cosas que he aprendido escribiendo ciencia ficción y fantasía:

1) Elige tu camino cuidadosamente: si vas rebotando de género en género, o eres muy bueno en lo que haces o nunca llegarás a dominar ninguno a la perfección. Busca algo que te salga de la manera más natural posible y lánzate a ello, a sabiendas de que el éxito no está garantizado y de que, cuanto más extraño sea, menos posibilidades de gustar a un gran publico tendrás.

2) Lee mucho, especialmente del género sobre el que quieres crear historias. Esto es un pilar básico. Se supone que un narrador, escritor o director de juego es una persona culta. He visto en jornadas de rol a directores con menos cultura que los jugadores y lo mismo ocurre con algunos que presumen de escribir mucho y de no leer nada. Evita a ese tipo de personas como a la peste, pues no te van a enseñar nada.

3) Haz que tu mundo sea original: nos atrae los extraño (Orson Scott Card, «Cómo escribir Ciencia-ficción y fantasía»), así que deberías pensar en qué hará que tus historias, tramas y personajes sean peculiares. Si lo único que haces es copiar a otros, no tendrás un sabor original.

4) Haz que tu mundo sea coherente: desarrollar un mundo o un universo de juego, tanto para tus relatos como para tus campañas de ro no es algo que deba tomarse a la ligera. Debes pensar en todos los detalles para que ese universo funcione. En pocas palabras, tu mundo de fantasía tiene que parecer real. Busca ayuda si es necesario. En ese sentido, voy a barrer para casa y te recomiendo Mundos Fantásticos, escrito por un servidor, pero no es la única fuente. Hay muchas fuentes. Busca e investiga por ahí.

5) No temas volver al banco de trabajo: ahí estás tú, con tu nuevo y flamante mundo ficticio esperando captar la atención del lector o de un ávido grupo de jugadores y las cosas no resultan como esperabas. Alguien encuentra un fallo en tu mundo y no teme decírtelo a la cara, como. En ese caso, lo mejor es haber dejado unas cuantas puertas abiertas y, sobre todo, tener la flexibilidad necesaria como para rectificar y volver a plantear las cosas. Autores de renombre como Larry Niven (autor de la deliciosa Saga de Mundo Anillo) tuvieron que escribir varios libros explicándoles a sus fans cómo funcionaban sus mundos.

6) Prepárate para la indiferencia: por desgracia, el escritor de ciencia ficción no es considerado como un escritor serio en el mundo literario. Ciertamente eso está cambiando, pero es algo muy lento. Lo habitual es que, cuando alguien se entere de que escribes, te pregunte: «¿Así que escribes? ¿Y sobre qué?» ; Minutos después, cuando esa misma persona se entera de lo que haces, lo habitual es que te devuelva una educada sonrisa del tipo de las que se dedica a los niños que juegan en el parque, a veces acompañada de un «¡Vaya! Espero que tengas suerte.», o algo parecido. Ten en cuenta que, al menos en España, todavía somos autores de géneros recientes y que en los ambientes literarios están considerados como poco o nada serios. En ese sentido, todavía estamos a mucha distancia de países con otras mentalidades, como los de origen anglosajón.

7) Relaciónate con otros que piensen como tú: lo semejante atrae a lo semejante. Busca en tu ciudad o fuera de ella (internet es un puente maravilloso para ello) asociaciones de personas que se dediquen a tus mismos intereses y charla o chatea con ellas. Probablemente, y salvo que seas de esos que se llevan mal con la gente, obtendrás una respuesta positiva y crecerás como persona mientras compartes con otros tus propios puntos de vista. Muchas de dichas asociaciones son de tipo profesional y para entrar en ellas se requiere de algunos requisitos mientras que, para otras, no. Evidentemente, los apoyos que puedas obtener de unas y otras serán diferentes, pero no está mal tener presencia en varias si crees que lo tuyo va en serio.

8) Acude a todos los eventos que puedas: este punto va unido con el anterior. Por suerte, cada vez es más fácil que haya actividades de ese tipo a nivel nacional, aunque todavía son menos de las esperadas. En España, las principales convenciones de este estilo son las jornadas Celsius 232 de Avilés (Asturias), las Elf2H (Dos Hermanas, Sevilla) o la itinerante Hispacon, que este año se celebrará en Barcelona. Siempre merece la pena acudir a ese tipo de eventos para conocer (aunque sea de lejos) a escritores de talla mundial, hacer valiosos contactos o empaparse un poco del ambiente y de la sensación de no ser un bicho raro, así que es algo que recomiendo desde mi punto de vista.

Y eso es todo. Para la semana que viene tengo preparada una sorpresa en este mismo blog, pero de ello ya hablaremos. Nos leemos.


Imagen: «Depiction of a futuristic city», autor desconocido, (fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Science_fiction)

30 de abril de 2016

He vuelto a hacerlo

Encapuchado con una galaxia en lugar de rostro

Siempre tengo un buen montón de proyectos en lista de espera, preparados para salir disparados en cuanto creo que están listos. Esto algo que no puedo evitar, como el árbol que da frutos cada temporada, que tampoco puede evitarlo. Simplemente sucede y ya está. A veces, hay alguna parada repentina, pero es más por saturación que por cualquier otra cosa. Como en las cafeteras y las lavadoras, a veces me toca apagar el cerebro y desatascar el filtro.

Entre estos proyectos hay muchos librojuegos, gran parte de los cuales ya están escritos, esbozados o empezados, los cuales se encuentran durmiendo en su cajón a la espera del tiempo de la maduración. Pues bien, el tiempo de madurar ha llegado y, poco a poco, van saliendo de su estado de hibernación.

Uno de esos proyectos era una idea a medio desarrollar, la cual empezó a concretarse en forma de un relato corto que iba a estar destinado a ser un microdédalo. Sin embargo, resulta que soy un escritor muy orgánico, de modo que suelo permitir que las cosas crezcan a su ritmo (por suerte, tengo otro trabajo que paga las facturas) y que normalmente no sabe muy bien cómo van a terminar sus historias ni qué va a ser de sus protagonistas. En cierto modo, es lo que me parece más divertido de esto, ya sea escribir, hacer un guión de rol o dirigir una sesión de juego con mi grupo de jugadores predilecto.

Para cuando tenía acabado el primer borrador (ese que no suele servir de mucho) me di cuenta de que no habría sitio en la hoja de papel de un microdédalo para todo lo que había escrito y pensé «¡Qué demonios, vamos a cortarlo!», así que me puse a recortar lo que parecía sobrar, una escena aquí, un diálogo allá, hasta hacer algo más manejable. Llegó la hora de repasar lo recortado y comprobé que el resultado no me satisfacía. Por primera vez, me sentía mal podando el seto que yo mismo había sembrado, así que decidí dejarlo como estaba y ver a dónde me llevaba.

Así nació la idea que dio lugar a un nuevo proyecto, el cual ya está en la recta final y que espero poder compartir muy pronto con aquellos que me seguís, así como con los que todavía no lo hacen: una historia interactiva de ciencia ficción al más clásico estilo, una space opera como debe ser, con una ambientación propia que lleva gestándose desde 2012 y que iré desvelando más adelante en esta misma página.

Toda una aventura, en el más amplio significado de la palabra, que tendremos aquí muy pronto. De momento, nos leemos.



Imagen: Sci Fi Wallpaper. autor desconocido (http://7-themes.com/6820699-sci-fi-wallpaper.html)

22 de abril de 2016

Aprovechar el tiempo es vivir el doble

Reloj de pared
A menudo me preguntan que de dónde saco tiempo para escribir. A menudo, la respuesta habitual suele ser una versión de «bueno, te sientas y ya está», cosa que no suele convencer a nadie pero que, irónicamente, resulta ser la pura verdad.

Una de las labores que tiene que hacer un escritor, ya sea para terminar una novela, un cuento o un guion para un juego de rol, es precisamente eso, escribir. Y la labor de escribir no es de las más fáciles de acometer cuando no se dan las circunstancias adecuadas, que no son otras que las que favorecen la creatividad. Más veces de las deseables, esas circunstancias no resultan ser las óptimas, dado el estilo de vida que llevamos, siempre con prisas y siempre corriendo por llegar a todo y a todos.

Sin embargo, hay que escribir todos los días si queremos lograr unos resultados aceptables a largo plazo. Y para ello es necesario estar hecho de una pasta especial, de esa que se queda pegada a las paredes, ya sea con lluvia o con sol. Desde que me enteré de que hay cementos que fraguan en todas las condiciones, incluso debajo del agua, no se me ocurre un símil mejor para describir a alguien capaz de sentarse y juntar unas letras en cualquier momento y con cierto grado de coherencia. Y lo mismo sirve para cualquier otra cosa que requiera un mínimo de constancia, ya sea un arte (diferente de la escritura), un deporte o superar un examen, por poner algunos ejemplos. Para todas ellas, es necesario saber aprovechar el tiempo.

Aprovechar el tiempo es todo un arte en si mismo, una manera de entender la vida que requiere de buenas dosis de paciencia y disciplina, pero que da sus frutos si nuestros esfuerzos logran superar con éxito todas las vicisitudes que nos impedirán llegar hasta nuestro destino final.

Cómo lo hago yo.

Lo primero que necesito es un lugar para la «escritura de vaciado». Como ya comenté en esta entrada, las musas son unas damas muy esquivas y llegan cuando uno menos se lo espera, que suele ser además el menos indicado: conduciendo, estudiando, pagando en el supermercado y cosas así. Esto tiene más que ver con el funcionamiento de nuestro cerebro que con la mitología en sí, pero como símil nos sirve perfectamente.

Libreta con boligrafo y una correa.Es necesario tomar nota de nuestras ideas cuando se nos ocurren. Antes siempre llevaba una libretita y un boli pequeño, ridículamente pequeño, en el bolsillo. Ahora, la tecnología acude en mi rescate y me brinda nuevas oportunidades: llevo un móvil y anoto en él cualquier pequeño detalle que se me ocurre, de forma rápida, a modo del cuaderno de bocetos de un artista. Con este «cazamariposas», no hay musa que se resista.

La siguente medida es tener un horario bien establecido, para lo cual es necesaria una buena dosis de autoconocimiento, que solo se puede obtener si nos dedicamos a estudiarnos, comprendernos y aceptarnos tal y como somos. Evidentemente, la sociedad moderna, la de los Hombres Grises, es contraria a este tipo de doctrinas, la cuales considera una pérdida de tiempo y nos facilita las cosas ofreciéndonos toda una pléyade de soluciones prefabricadas, listas para calentar y servir. Nada más lejos de la realidad, ya que el autoconocimiento parte de la dedicación a uno mismo, de conocerse lo suficientemente bien como para aceptarse en todos los aspectos de la vida, especialmente en los negativos. Y para ello, además de un tiempo personal, se requiere querer realmente hacerlo.

Un método puede ser sentarse en un lugar tranquilo, con un folio en blanco y hacer una línea que divida la hoja en dos mitades. En una de ella pondremos nuestras virtudes y en la otra nuestros defectos. A partir de ahí, lo que toca es sacar conclusiones…

En lo que nos ocupa, conocer cuáles son las horas del día a las que podemos sentirnos intelectualmente más activos y que coincidan con un periodo libre de nuestras obligaciones personales, es fundamental para confeccionar un horario de trabajo creativo con ciertos visos de realidad. Después, hay que cruzar esos datos con los impuestos por todas nuestras tareas diarias y sacaremos los huecos disponibles, dentro de un límite razonable.

La tercera fase es de pura cabezonería: hay que respetar esos momentos para lo que fueron ideados, es decir, para escribir. De nada sirve tener un horario establecido si, a la hora de la verdad, nos hacemos los remolones y los ocupamos en otras cosas, normalmente en perder el tiempo. La pereza o la desgana pueden aparecer puntualmente en nuestra rutina diaria, pero no deberían ser la norma. Es más, cuando aparecen en el lugar de algo que nos debería apasionar, significa que no todo va como debiera y que tendríamos que analizar nuestras emociones para poder entender lo que nos pasa e intentar solucionarlo.

Podríamos seguir adelante con el tema, pero no puedo dar soluciones prefabricadas para personas a las cuales no conozco tan bien como ellas mismas deberían conocerse. Esto tan solo ha sido una exposición de lo que yo hago, que no tiene por qué valer para todo el mundo. Ahora toca hacer trabajo de desarrollo personal.

Así pues, querido lector, espero que estas líneas te hayan servido para aclarar algunas ideas o, por lo menos, para ponerte en camino de algunas soluciones. Volveremos a tratar más adelante estas cuestiones en otros artículos, aunque creo que ya tienes suficientes deberes por hoy. Te espero la semana que viene en «Con Pluma y Píxel».



Imágenes:
«Time-2», by Marcelo Terraza
«Libreta de apuntes», por Francisco Tapia

15 de abril de 2016

Ser auténticos.

Cachorro tumbado en la hierba
En la vida de todo autor, hay una regla que parece que se nos escapa, y que no es otra que la de ser uno mismo. Nos exigimos en exceso a nosotros mismos para no perder el tren y gustarle a todo el mundo, sin separarnos de lo tendencioso y moderno, como si aplacando a los ídolos del posicionamiento en internet, así como a hipotéticos lectores o editores las cosas nos fueran a ir mejor. Ello acaba derivando en una mayor estandarización y en arrinconar, como si fuera un anatema, aquello que nos hacía genuinos y diferentes, aquello que nos hacía auténticos. 

Uno de los síntomas de este proceso son los llamados bloqueos del escritor. La experiencia me ha enseñado que, en este punto, lo mejor es detenerse, mirar hacia atrás para ver el camino recorrido y, sobre todo, recuperar los orígenes de nuestra creatividad, pues los hemos perdido en algún punto como a un cachorrito travieso, el cual tan solo espera que lo llamemos por su nombre para acudir a nuestro lado, contento y feliz. Así pues, revisemos.

Dejando aparte colaboraciones en algún fanzine y proyectos similares, podríamos decir que mi primera obra publicada fue el blog Memorias de Tyria. Allí ofrecía ficción (bueno, fanfiction) de modo desinteresado y con el único objetivo de pasarlo bien siendo creativo. La verdad es que las historias de sus protagonistas, narradas casi a diario y en primera persona, tuvieron bastante éxito durante un tiempo, especialmente entre los aficionados a Guild Wars Online

En aquella época lo denominé «literatura en mosaico», por su parecido a una de dichas construcciones, aunque ahora me he enterado de que se llama «novela coral» y que es algo que parece que se usa mucho, especialmente en el terreno de las novelas de fantasía. Siguiendo su estela, en 2010 abrí Memorias de Azeroth, esta vez para los aficionados a World of Warcraft. Con ambos fanfictions aprendí muchísimas cosas, que es en el fondo de lo que se trataba, y me lo pasé en grande.

El salto cualitativo vino con la publicación de Mundos fantásticos, primero en formato electrónico y luego en papel. Con ese libro, de unas ochenta páginas, seguí aprendiendo muchas cosas y, a la vez, pude demostrarme que podía llegar más lejos todavía. Era mi primera aventura en el mundo de la autopublicación con fines comerciales, y la verdad es que la experiencia ha sido (y es) muy gratificante. 

Mi siguiente obra tiene por título Oro de sangre y, por diversos motivos, se encuentra en revisión y a la búsqueda de un editor que quiera arriesgarse, lo cual llevará algún tiempo. De repente, siento que algo está deteniéndose, a medida que las dudas empiezan a surgir. ¿Será lo suficientemente bueno? ¿Será del montón? ¿Habrá que cambiar muchas cosas?. El proyecto entra en pausa técnica y las dudas van en aumento y me acompañarán durante un tiempo, como una nube de tormenta que solo flotara sobre mi cabeza. Escribo artículos y doy consejos, pero la nube no se marcha. Por primera vez en mucho tiempo, me parece que no estoy aprendiendo nada. Por primera vez, me cuesta poner más de cincuenta palabras.

Por suerte, cuento con personas que saben de lo que he sido capaz de hacer y con otras que me apoyan, así que no estoy del todo solo en este atasco. También conozco lo suficiente los procesos de aprendizaje y desarrollo personal (a fin de cuentas, trabajo de lunes a viernes enseñando a los que no saben) como para reconocer que esto es solo una etapa de tránsito, de esas en las que no se aprende nada nuevo, y que de estas cosas se acaba saliendo si uno vuelve a sus raíces, si se vuelve auténtico.

Me paro, miro hacia atrás y, de repente, una cabecita peluda asoma entre las matas. Es mi cachorrito particular, ese que empezó a seguirme cuando escribía por primera vez. No es muy grande y ni podrá ganar en una competición seria con otros perros, pero es el mío y es lo que importa. Lo llamo y, en cuanto dejo de compararlo con los demás, acude a mi vera como si siempre hubiera estado ahí. Para algunos, las musas son señoras muy elegantes vestidas con toga. Para mi es un cachorrillo juguetón que va y viene, qué le vamos a hacer.

Ahora que lo tengo a mi lado, las dudas desaparecen. No tengo por qué seguir a otros. Ya han desaparecido los bloqueos y llevo una semana creando y escribiendo con regularidad mi cuota de palabras diarias. La maquinaria, detenida por «mantenimiento» vuelve a funcionar como siempre lo ha hecho, sin detenerse para nada. Ahora solo queda seguir adelante, hacia el brillante futuro.

A ti, querido lector, seguramente te ha ocurrido algo semejante a lo largo de tu periplo creativo y seguro que sabes de lo que hablo. Si todavía te encuentras detenido en el camino, espero que este artículo te ayude a emprender tu propia búsqueda de lo que una vez te hizo auténtico, porque ser auténtico es lo mejor que le puede pasar a una persona creativa. Levántate y camina. No vivas para otros. Vive y escribe para ti.

Nos leemos.